De la Tierra parte una nave en busca de nuevos planetas que colonizar (porque el nuestro nos lo hemos cargado bastante, se nos queda pequeño o simplemente tenemos ansia de conquista intergaláctica). Su rumbo es fijo, un planeta a muchísimos años luz del nuestro que se piensa podría ser habitable y rico en recursos. La nave-colonia viaja a velocidades cercanas a la luz, de tal modo que el tiempo parece transcurrir de modo normal mientras que en la Tierra pasan decenas o cientos de años. Pero hete aquí que en ese tiempo que pasa, en el que los tripulantes de la nave no envejecen más que unos pocos años mientras que se suceden generaciones en su planeta de origen, que los científicos terráqueos inventan una nave considerablemente más rápida que en la que viajan los futuros colonos. Dicha nave con su propia tripulación tiene el mismo rumbo que la primera, a la cual sobrepasa en el trayecto sin que ninguna de ellas lo note. De tal modo que la segunda llega antes que la primera al nuevo planeta, lo coloniza, se asienta, pasan generaciones y ese planeta acaba peor aun que la propia Tierra, así que tienen que abandonarlo. Cuando por fin llegan los tripulantes de la primera nave, tras más de veinte años viajando en el que todo lo que conocían ha muerto, sustituido por algo que también ha muerto hace mucho, solo les queda la visión de un planeta desolado y sin vida. Y todo lo que les queda por hacer es pensar y morir.
Vaya vida más de mierda.
jueves, julio 24, 2014
miércoles, julio 23, 2014
Calendario.
Señora Acuamarino: ¿Qué día es hoy?
Bichu: Miércoles. Lo sé porque hoy es el día en el que salen los mangas.
Bichu: Miércoles. Lo sé porque hoy es el día en el que salen los mangas.
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Bichu-convers
domingo, junio 22, 2014
Inteligencia.
- Entonces... ¿eres listo?
- Claro sí, sería estúpido que no lo fuera.
- Claro sí, sería estúpido que no lo fuera.
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La otra vida de Bichu
viernes, junio 20, 2014
Algo similar.
Iba caminando, y entonces vi al pajarito, tenía un ala rota, y parecía avanzar por el suelo apoyándose en la pared. Dudé, anduve para delante, me paré, volví a por el pájaro, intenté cogerlo en un par de ocasiones, y cuando lo conseguí, se zafó de mi agarré y se cayó al suelo. Creo que se rompió aún más el ala, porque ahora estaba más desviada, lo seguí con la mirada, seguía apoyándose en la pared para avanzar hacia no sé dónde. Me fui de allí, triste o enfadado, pero sabiendo que ese pájaro moriría dentro de muy poco tiempo, y sabiendo que minutos u horas más tarde no me acordaría de él y seguiría tal cual con mi vida. Eso hice. Al poco tiempo ya no me acordaba. Pero horas más tarde, pasé frente un niño pequeño, casi un bebé, que me sonrió y saludó. Yo hice lo mismo, y recordé al pájaro.
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Vida de Bichu
martes, mayo 20, 2014
Campesinos.
Un pequeña niña, de pocos años de edad, estaba sentada, con las piernas cruzadas, en el suelo de madera del porche. Su tío, un granjero de mediana edad, contemplaba el imponente campo que se alzaba delante de ellos. De pronto, puntual como siempre, vio una figura conocida.
- Míralo, por allí va.
- ¿Quién?
- Pues Manuel, siempre está en el campo, arrancando plantas.
- ¡Ah, sí! Lo veo ¿Está un poco flaco no?
- Sí, es que trabaja mucho. Se pasa el día haciendo eso.
- ¿Por qué lo hace?
- Se dedica a quitar las plantas enfermas, para sanearlo todo.
- Pero... ¿y esa que acaba de quitar?
- Ah, pues no sé, a veces se le va la pinza y arranca alguna que no debe.
- Pues vaya... ¡Oye! ¿Y esa quién es?
- ¿Quién?
- La que va detrás de él.
- ¡Ah, es Vicky!
- No la había visto nunca.
- Ya... la gente suele fijarse más en Manuel. Normalmente se olvidan de que Vicky va siempre con él. Se dedica a plantar semillas cerca de donde Manuel arranca las plantas.
- ¿Por qué?
- Hombre, si no lo hiciera, este campo se habría quedado sin flores hace tiempo.
- ¿Y planta siempre lo mismo?
- No, no. Qué va. Tiene muchas semillas distintas, le gusta la variedad.
- ¿Y no le molesta que Manuel las quite a veces?
- No creo, simplemente planta más. Además, no se meten en el trabajo el uno del otro. Son hermanos ¿sabes?
- Pues no se parecen en nada.
- Sí, eso dice la gente, pero yo creo que tienen cierto aire...
Manuel y Vicky, recortados contra el sol, se pararon y miraron hacia la austera casa y saludaron. El granjero les devolvió el saludo con amabilidad, y su menuda sobrina también.
- ¡Vaya! Parece que han acabado por hoy.
- ¿Ya se van?
- Sí, volverán mañana, vuelven todos los días.
- ¿Por qué lo hacen?
- Es su trabajo, supongo que les gustará.
La sobrina y su tío se metieron en la casa, y Manuel y Vicky se marcharon por el lado contrario a donde habían venido. Ya en la cena, a la curiosa sobrina se le ocurrió una pregunta más.
- ¿Y no sería más fácil que dejaran todas las plantas donde están? Así no tendrían que trabajar todo el rato deshaciendo uno el trabajo del otro.
- Pues supongo que sí, pero si no, qué aburrido ver siempre el mismo campo ¿no?
- Míralo, por allí va.
- ¿Quién?
- Pues Manuel, siempre está en el campo, arrancando plantas.
- ¡Ah, sí! Lo veo ¿Está un poco flaco no?
- Sí, es que trabaja mucho. Se pasa el día haciendo eso.
- ¿Por qué lo hace?
- Se dedica a quitar las plantas enfermas, para sanearlo todo.
- Pero... ¿y esa que acaba de quitar?
- Ah, pues no sé, a veces se le va la pinza y arranca alguna que no debe.
- Pues vaya... ¡Oye! ¿Y esa quién es?
- ¿Quién?
- La que va detrás de él.
- ¡Ah, es Vicky!
- No la había visto nunca.
- Ya... la gente suele fijarse más en Manuel. Normalmente se olvidan de que Vicky va siempre con él. Se dedica a plantar semillas cerca de donde Manuel arranca las plantas.
- ¿Por qué?
- Hombre, si no lo hiciera, este campo se habría quedado sin flores hace tiempo.
- ¿Y planta siempre lo mismo?
- No, no. Qué va. Tiene muchas semillas distintas, le gusta la variedad.
- ¿Y no le molesta que Manuel las quite a veces?
- No creo, simplemente planta más. Además, no se meten en el trabajo el uno del otro. Son hermanos ¿sabes?
- Pues no se parecen en nada.
- Sí, eso dice la gente, pero yo creo que tienen cierto aire...
Manuel y Vicky, recortados contra el sol, se pararon y miraron hacia la austera casa y saludaron. El granjero les devolvió el saludo con amabilidad, y su menuda sobrina también.
- ¡Vaya! Parece que han acabado por hoy.
- ¿Ya se van?
- Sí, volverán mañana, vuelven todos los días.
- ¿Por qué lo hacen?
- Es su trabajo, supongo que les gustará.
La sobrina y su tío se metieron en la casa, y Manuel y Vicky se marcharon por el lado contrario a donde habían venido. Ya en la cena, a la curiosa sobrina se le ocurrió una pregunta más.
- ¿Y no sería más fácil que dejaran todas las plantas donde están? Así no tendrían que trabajar todo el rato deshaciendo uno el trabajo del otro.
- Pues supongo que sí, pero si no, qué aburrido ver siempre el mismo campo ¿no?
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miércoles, mayo 14, 2014
Ducha epifánica.
Hoy, gracias a la ducha, fuente de saber y revelación ancestral, he tenido una pequeña epifanía.
Resulta que hoy he tenido un día... digamos productivo, artística y culturalmente hablando. Básicamente he leído, escrito y dibujado bastante; cosa que hacía tiempo a lo que no me dedicaba. Y creo saber la razón.
Hace unos días conocí a una muchacha, que será... la Señora Verde Hoja, que es una chica amable, cariñosa y buena gente (más o menos como deberían ser todas las personas del mundo), pero además de eso es una persona productiva, a mi modo de ver al menos, que se preocupa por muchas cosas y hace más cosas todavía. Y todavía no lo sabía, pero ayer debió de pasarme algo de esa vitalidad cuando estuve con ella.
Esto tiene relación con otra chica que conocí hace algo más de un año, a quien yo quería un montón, que será la Señora Negro Amable; esta otra muchacha era bastante parecida, no solo de físico (bajitas, complexión pequeña, pelo largo castaño...), sino de personalidad, amable, buena gente, cariñosa, hablaba en un tono bajito, ¡oh! y también le encantaba la música. La diferencia es que esta muchacha me daba la impresión de ser menos activa en general. Cuando la conocí no lo sabía, pero esa muchacha me robaría en el futuro vitalidad. Según la Señora Acuamarino, esta chica sería un vampiro emocional, parece coña, pero se nota el efecto.
Mientras me caía el agua templada en la cabeza, pensando en el día, de repente me ha venido la imagen de las chicas, parecidas, pero que me provocaban una sensación completamente distinta en el cuerpo. Como si una diese energía y otra la quitase. No sé, es curioso, no es muy normal, pero creo que me he encontrado con un rayo de sol emocional.
Resulta que hoy he tenido un día... digamos productivo, artística y culturalmente hablando. Básicamente he leído, escrito y dibujado bastante; cosa que hacía tiempo a lo que no me dedicaba. Y creo saber la razón.
Hace unos días conocí a una muchacha, que será... la Señora Verde Hoja, que es una chica amable, cariñosa y buena gente (más o menos como deberían ser todas las personas del mundo), pero además de eso es una persona productiva, a mi modo de ver al menos, que se preocupa por muchas cosas y hace más cosas todavía. Y todavía no lo sabía, pero ayer debió de pasarme algo de esa vitalidad cuando estuve con ella.
Esto tiene relación con otra chica que conocí hace algo más de un año, a quien yo quería un montón, que será la Señora Negro Amable; esta otra muchacha era bastante parecida, no solo de físico (bajitas, complexión pequeña, pelo largo castaño...), sino de personalidad, amable, buena gente, cariñosa, hablaba en un tono bajito, ¡oh! y también le encantaba la música. La diferencia es que esta muchacha me daba la impresión de ser menos activa en general. Cuando la conocí no lo sabía, pero esa muchacha me robaría en el futuro vitalidad. Según la Señora Acuamarino, esta chica sería un vampiro emocional, parece coña, pero se nota el efecto.
Mientras me caía el agua templada en la cabeza, pensando en el día, de repente me ha venido la imagen de las chicas, parecidas, pero que me provocaban una sensación completamente distinta en el cuerpo. Como si una diese energía y otra la quitase. No sé, es curioso, no es muy normal, pero creo que me he encontrado con un rayo de sol emocional.
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Vida de Bichu
martes, mayo 13, 2014
Regalo de cumpleaños.
Ramiro Vientos salió un día a pasear. Por el camino, vio a gente en pleno jolgorio en un bar. Entró y preguntó cuál era el motivo de tal algarabía, a lo que uno de los presentes le contestó que era el cumpleaños de María Mares. Ramiro, muchacho dicharachero, amigable y generoso, aunque de poco efectivo en la cartera, pero de mucho genio en la improvisación, rápidamente agarró una servilleta, la recortó para hacer un cuadrado con ella, y la dobló y redobló tantas veces y de tantas formas, que al terminar nadie supo cómo de tal engurruño de idas y venidas de celulosa apareció una bella grulla de papel, tan simple como eficaz. Ramiro, muchacho dicharachero, amigable y generoso, se acercó a la cumpleañera María Mares y, tras una breve y amigable presentación, le entregó a María Mares, que cumplía años, la simple y bella grulla de papel; la muchacha, incrédula y agradecida con el desconocido, la aceptó de buen grado y besó en la mejilla al dicharachero, amigable y generoso Ramiro Vientos. Pero otro muchacho, avieso y envidioso de que su regalo, más caro y más grande no hubiese sido merecedor de un beso, sino de un simple "gracias", prorrumpió a voz en grito:
- ¡Vaya mierda de regalo! El tío no se ha gastado nada de dinero y aún así le dan un beso.
María miró apenada por el comentario tanto a Ramino como al avieso y envidioso muchacho. Pero Ramiro, muchacho dicharachero, amigable y generoso, pero con mucho genio para la improvisación, hizo lo siguiente: Sacó su cartera, la abrió y tomó de ella un pequeño billete de cinco euros. Delante de todos, lo rompió, pero solo lo justo para hacer un cuadrado perfecto, con él hizo de nuevo una grulla, tan bella y simple como la anterior, y se la entregó a María Mares para que hiciera compañía a la otra. En ese momento, el resto del billete que aún conservaba lo tiró a la papelera y, acto seguido, le dijo a María Mares:
- Que una grulla cuide de la otra, y que la otra cuide de la una, pero nunca les digas quiénes fueron sus padres, no porque se vayan a pelear entre ellas, sino porque los amigos, igual que los regalos, no importa de donde vengan.
Y así, Ramiro Vientos, muchacho dicharachero, amigable y generoso, sin nada de efectivo en la cartera, pero con mucho genio para la improvisación, se fue del cumpleaños de María Mares.
- ¡Vaya mierda de regalo! El tío no se ha gastado nada de dinero y aún así le dan un beso.
María miró apenada por el comentario tanto a Ramino como al avieso y envidioso muchacho. Pero Ramiro, muchacho dicharachero, amigable y generoso, pero con mucho genio para la improvisación, hizo lo siguiente: Sacó su cartera, la abrió y tomó de ella un pequeño billete de cinco euros. Delante de todos, lo rompió, pero solo lo justo para hacer un cuadrado perfecto, con él hizo de nuevo una grulla, tan bella y simple como la anterior, y se la entregó a María Mares para que hiciera compañía a la otra. En ese momento, el resto del billete que aún conservaba lo tiró a la papelera y, acto seguido, le dijo a María Mares:
- Que una grulla cuide de la otra, y que la otra cuide de la una, pero nunca les digas quiénes fueron sus padres, no porque se vayan a pelear entre ellas, sino porque los amigos, igual que los regalos, no importa de donde vengan.
Y así, Ramiro Vientos, muchacho dicharachero, amigable y generoso, sin nada de efectivo en la cartera, pero con mucho genio para la improvisación, se fue del cumpleaños de María Mares.
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lunes, mayo 12, 2014
Concepto.
"No estás enamorado de una mujer, estás enamorado del concepto de la mujer". Es una frase que algunos de mis amigos me han oído (que no escuchado, supongo) repetir unas cuantas veces. La frase, o una frase similar, la leí hace unos cuantos años en el libro Niebla, de Unamuno.
Siento que hay veces que me encuentro metido dentro de esa frase. Quizás porque cuando la leí por primera vez me encontraba dentro de esa frase, y por eso acabó guardada en mi cabeza. Es una especie de estado donde se cree que casi cualquier mujer cercana a ti, es merecedora de tu cariño, porque alguien ha aparecido que parece profesártelo a ti.
Aparece, si no me equivoco, en momentos de felicidad o buenrollismo con uno mismo, y desaparece al cabo de un tiempo, cuando la realidad te golpea y te hace ver que la vida no es tan bonita como parece o, por el contrario, te hace ver que la vida es más bonita de lo que parece (aunque la realidad no suele ser tan generosa), o que al menos podría serlo si te esforzaras un poco.
Este estado de enamoramiento general es motivado cuando de repente, y sin previo aviso, aparecen o reaparecen personas de sexo femenino que antes no estaban ahí, y que están luchando, sin saberlo ellas (probablemente porque en realidad no lo hacen), por establecerse dentro de tu mente en un bonito lugar. No es en absoluto parecido a una sensación de orgullo o victoria impulsado por el creerse dentro de un harem, ni tampoco por la falsa premisa de que hembras estén luchando por tu conquista. Por el contrario, es una sensación de amor al mundo y a sus personas, como si estuviese sacado de un libro de religión católica de cuarto de primaria.
Desgraciadamente, tanto la frase, como el libro, así como el libro de religión de cuarto de primaria, no son más que un producto literario, los cuales, igual que el sentimiento que nace de ellos, te abordan durante un tiempo pero, como he dicho, se deshace cuando el universo decide que esa verdad que conoces no es la correcta y, en consecuencia, te manda señales poco sutiles de que tu fantasioso sentimiento de amor a todas y a todos debe terminar. Y así lo hace, de una manera o de otra, aunque siempre algo perdura o se extrae de cada uno de estos episodios.
Por fortuna, al igual que las crisis económicas, los estados del bienestar, las guerras y las modas, este sentimiento es cíclico, y reaparece en un momento oportuno de la vida; aunque normalmente se considera oportuno simplemente porque lo estás viviendo.
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domingo, mayo 11, 2014
Memorias futuras de una persona que nunca hizo nada con su vida.
Nacerá, crecerá, se socializará, jamás se reproducirá, no tendrá pareja estable en la vida, nada le apasionará realmente, nunca encontrará un trabajo que realmente le guste, no hará ninguna contribución al mundo, nadie le recordará cuando ya no esté aquí, y morirá solo y abandonado.
Pero tal vez tenga amigos, quizás encuentre algo que no le apasione, pero que le guste, a lo mejor amará a alguien aunque luego eso se acabe, puede que brevemente sea feliz aunque esa felicidad se pase y, por alguna extraña razón, es posible que no le importe no dejar su huella en el mundo, porque no lo necesitará, porque en realidad nunca tendrá esa intención, porque en algún momento puede que le parezca importante, pero luego eso le sudará los cojones.
Pero tal vez tenga amigos, quizás encuentre algo que no le apasione, pero que le guste, a lo mejor amará a alguien aunque luego eso se acabe, puede que brevemente sea feliz aunque esa felicidad se pase y, por alguna extraña razón, es posible que no le importe no dejar su huella en el mundo, porque no lo necesitará, porque en realidad nunca tendrá esa intención, porque en algún momento puede que le parezca importante, pero luego eso le sudará los cojones.
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miércoles, abril 30, 2014
Aire de respirar.
Maik entró como siempre, desde hace unos 15 años, en la tienda de aire del señor Klaus.
- ¿Qué va a ser hoy?
- Aire. Como siempre.
- ¿De respirar o del otro?
- De respirar.
Esta conversación se repetía una y otra vez, cada pocos días, que es cuando a Maik se le acababa el aire y tenía ir a comprar más. Un día, dudoso, Maik le preguntó al señor Klaus.
- Oiga, el aire que no es para respirar, ¿se lo compra alguien?
- No.
- ¿Y para qué lo tiene?
- Por si alguien lo pide alguna vez.
La tienda del señor Klaus era la única en toda la ciudad que vendía aire que no era para respirar, Maik no iba allí por esto, sino por costumbre, ya que su padre también le compraba aire al viejo Klaus, y su tienda siempre le resultaba cálida y familiar.
Y así pasaron los años, cada vez que a Maik estaba a punto de agortársele el aire, iba a la tienda de aire del señor Klaus para comprar otra reserva de aire que le durase unos días.
Nadie sabe qué ocurrió, si fue algo que hizo o que le pasó, si fue meditado o espontáneo, o si fue por algo que había gestando en su mente durante mucho. Quizás vio la miseria que había en el mundo, quizás vio su belleza, o quizás el problema fue que no vio nada. Pero un día, Maik entró una vez más en la tienda.
- ¿En qué puedo ayudarte hoy?
- Aire.
- ¿De respirar o del otro?
- ¿Sabes? Solo por una vez, quiero probar del otro.
- ¿Qué va a ser hoy?
- Aire. Como siempre.
- ¿De respirar o del otro?
- De respirar.
Esta conversación se repetía una y otra vez, cada pocos días, que es cuando a Maik se le acababa el aire y tenía ir a comprar más. Un día, dudoso, Maik le preguntó al señor Klaus.
- Oiga, el aire que no es para respirar, ¿se lo compra alguien?
- No.
- ¿Y para qué lo tiene?
- Por si alguien lo pide alguna vez.
La tienda del señor Klaus era la única en toda la ciudad que vendía aire que no era para respirar, Maik no iba allí por esto, sino por costumbre, ya que su padre también le compraba aire al viejo Klaus, y su tienda siempre le resultaba cálida y familiar.
Y así pasaron los años, cada vez que a Maik estaba a punto de agortársele el aire, iba a la tienda de aire del señor Klaus para comprar otra reserva de aire que le durase unos días.
Nadie sabe qué ocurrió, si fue algo que hizo o que le pasó, si fue meditado o espontáneo, o si fue por algo que había gestando en su mente durante mucho. Quizás vio la miseria que había en el mundo, quizás vio su belleza, o quizás el problema fue que no vio nada. Pero un día, Maik entró una vez más en la tienda.
- ¿En qué puedo ayudarte hoy?
- Aire.
- ¿De respirar o del otro?
- ¿Sabes? Solo por una vez, quiero probar del otro.
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miércoles, abril 09, 2014
Bichu usó Sustituto. El sustituto se debilitó. Bichu usó Sustituto.
Hace un tiempo mi amiga la Señora Magenta, que es bióloga, se fue a vivir a otro país, y durante ese tiempo conocí a una muchacha (la Señora Verde Rana) también bióloga y alegre y cariñosa como ella y me hice su amigo, saliendo a tomar cervezas y esas cosas que hace la gente con los amigos. Cuando mi amiga volvió a España se enfadó (de mentira) y me recriminó que la había sustituido por otra. Por cierto, no tiene nada que ver, pero la Señora Magenta tiene el pelo rizado.
Ayer resultó que, por avatares del destino, conocí a una muchacha alegre y jovial, que siempre sonríe, y que toca la flauta travesera. Y esta chica resulta que tiene el mismo nombre que mi amiga la Señora Naranja Cítrico, que vive en otra ciudad, que toca el requinto (que es otro instrumento de viento metal), y es una persona alegre, jovial y que siempre sonríe. Hoy se lo he comentado, y su primer comentario después de saludarme ha sido "¿Oh, sí? ¡Qué guay! Aunque me siento reemplazada". La Señora Naranja Cítrico tiene el pelo rizado.
Pequeñas y extrañas causalidades de la vida que hacen que mi cerebro enlace hechos y situaciones que en realidad tienen poco que ver. Pero es divertido, y divertido es conocer muchachas alegres y joviales que siempre sonríen.
Ayer resultó que, por avatares del destino, conocí a una muchacha alegre y jovial, que siempre sonríe, y que toca la flauta travesera. Y esta chica resulta que tiene el mismo nombre que mi amiga la Señora Naranja Cítrico, que vive en otra ciudad, que toca el requinto (que es otro instrumento de viento metal), y es una persona alegre, jovial y que siempre sonríe. Hoy se lo he comentado, y su primer comentario después de saludarme ha sido "¿Oh, sí? ¡Qué guay! Aunque me siento reemplazada". La Señora Naranja Cítrico tiene el pelo rizado.
Pequeñas y extrañas causalidades de la vida que hacen que mi cerebro enlace hechos y situaciones que en realidad tienen poco que ver. Pero es divertido, y divertido es conocer muchachas alegres y joviales que siempre sonríen.
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Vida de Bichu
martes, abril 01, 2014
Cálida.
Él estaba suspendido por encima de ella, alargando su mano y su brazo todo lo que podía. Ella ya se había dado cuenta hace tiempo que nunca llegaría a cogerla de nueva. Y mientras el fuego entraba en la pequeña estancia, ella susurró "Voy a tener un hijo", y añadió, levantando la mirada y el tono, hacia el muchacho "¿verdad?". Ni un segundo pasó cuando él ya había respondido con una sonrisa y una voz resuelta "Claro que sí". Y poco más de un segundo pasó cuando el fuego devoró la habitación.
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Sueños de Bichu
jueves, marzo 06, 2014
Esencia.
Siempre he sido así.
Vago.
Es la base de mi existencia, y tú lo sabes.
Vago.
Es la base de mi existencia, y tú lo sabes.
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jueves, diciembre 19, 2013
Behind the Internet's door
Me resulta difícil comprender cómo, siendo Internet lo que es, es tan complicado encontrar una película porno específica doblada al español.
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Vida de Bichu
martes, diciembre 17, 2013
80% de descuento.
No estaba siendo un buen día para Domenec Capmo, acababa de terminar su jornada de trabajo diaria y comenzaba a sentir un pequeño dolor en el pecho, que en ocasiones le instaba a inspirar más fuertemente para llenar del todo los pulmones. No había sido un buen día, y ahora era incluso peor, inspirar fuertemente le hacía pensar en la factura que le llegaría dentro de pocos días a su cuenta. Decidió no ir a dormir a su ataúd habitual, aunque ello conllevase pagar ahora mismo un pequeño extra por dormir en una zona de la ciudad más céntrica; se sentía muy cansado, de modo que en cuanto entró en su espacioso nicho para dormir se sumió rápidamente en un profundo sueño tras preparar el despertador para seis horas más tarde.
Las cinco de la mañana. Faltaba una hora y media para que las luces artificiales de la ciudad iluminasen a todos los habitantes. Domenec se despertó en cuanto su pequeño reloj interno comenzó a emitir el pitido de despertador, se estiró como pudo durante unos instantes y luego salió del ataúd para terminar de desperezarse. Se dio cuenta de que ayer estaba tan cansado que olvidó que ahora se encontraba muy cerca de su trabajo y no tenía necesidad de estar levantado tan temprano. Con un leve movimiento de cabeza preprogramado por él mismo activó la pequeña pantalla adherida a su ojo izquierdo, y comenzó a revisar las facturas. Al parecer las grandes inspiraciones de aire del día anterior habían hecho que su consumo de aire se disparase, por lo que le tocaría pagar un buen suplemento por el excesivo gasto de éste. Resignado se fue hacia los baños públicos situados en el edificio-dormitorio donde se encontraba. Entró en el aseo, se metió en una cabina de higiene y se quitó su ligero monotraje gris marengo. Un primer chorro de polvo desinfectante lo envolvió desde todas las direcciones, y segundos después, el gas a presión terminó el trabajo de limpieza. Le sobraban todavía veinte segundos en la cabina, de modo que se colocó el monotraje dentro de ella, y después salió tranquilamente a mirarse en el espejo.
Le sobraba todavía una hora antes de tener que ir a trabajar, hacía mucho tiempo que no tenía tanto tiempo libre, de modo que se fue andando por la acera no direccional en vez de por las cintas transportadoras. Andar... hacia demasiado tiempo que no andaba tranquilamente. De pronto se acordó de correr. Empezó a recordar como de pequeño jugaba a ir detrás de otros niños y tocarlos, o cómo simplemente corrían para ver quién era el más rápido. Esos tiempos en la guardería y en la escuela primaria quedaron muy atrás. De pronto le entraron ganas de hacerlo, pero recordó la factura que acababa de revisar hace poco y pensó que no podría asumir una multa por correr en la calle. Mientras andaba de forma despreocupada pensando en esto, se percató de que un guardia de seguridad se le acercaba por el lateral, Domenec se paró y esperó al guarda, que al llegar se cuadró y comenzó a hablar.
- Señor, me temo que he pedirle que se marche de la vía no direccional.
- ¿He cometido alguna infracción señor?
- Me temo que sí, desde ayer a las 18:00 esta vía dejó de ser de libre acceso, la compañía a la que pertenece, la Carl Ols Wei, hizo el anunció públicamente ayer a las 17:35. Deberá abandonar la vía y pagar una multa en concepto de indemnización a la compañía.
- Oh... - Domenec no se sintió sorprendido, últimamente las compañías estaban deshabilitando las viejas vías para asegurarse de que la gente andase por las nuevas, que constituían un negocio más lucrativo. - Está bien.
- Sus datos ya han sido transferidos y la multa ha sido pagada. Deberá salir por el desvío más cercano. Buenos días tenga usted. - Y tras esto, el guarda se cruzó con Domenec y siguió su camino.
El día de hoy había empezado peor si cabe que el de ayer, y ese estúpido dolor en el pecho que le obligaba a tomar más aire del que debía comenzó de nuevo. Siguió su camino hasta el trabajo, la vía direccional era más cara por segundo que la no direccional, pero ahora mismo no tenía otra alternativa, pues su aeromóvil se encontraba muy lejos y, de todas formas, pagar por el espacio aéreo transitado era más caro que pagar por las vías. Por fin llegó al edificio donde trabajaba, un enorme complejo de oficinas de más de doscientos pisos, que se encargaba de administrar los espacios publicitarios en las fachadas de todos los edificios del sector 42 de la Zona Íbera. Aún le quedaban unos treinta minutos antes de tener que empezar a trabajar, dudó si sentarse durante ese tiempo en los bancos que se encontraban pegados a las paredes del edificio, pues al pertenecer a su compañía, el coste por su uso se le rebajaba un 70%, aún así prefirió encaminarse a su mesa. Ya había perdido suficiente dinero esta mañana andando y respirando.
Llegó a su terminal de trabajo, aún le sobraban veinte minutos hasta que su ordenador se encendiese y tuviese que comenzar a trabajar. Durante ese tiempo navegó por la red desde su ojo izquierdo y, sin atender realmente a lo que leía o veía, recordó un libro que le había recomendado hacía poco tiempo un contacto suyo en la Zona Siberiana. Buscó el libro, había sido escrito por lo menos hace dos siglos, y ya pocas eran las personas que lo compraban, por lo que el libro estaba bastante barato. Bóvedas de acero. Parecía un libro como otro cualquiera de los miles de millones que existían. Domenec compró el libro, y pocos segundos después comenzó a leerlo desde su ojo.
Lije Baley acababa de sentarse en su mesa cuando vio que R. Sammy lo miraba con expectación...
Leyó durante hasta que su terminal se encendió solo y le comunicó que tenía cinco horas de trabajo por delante hasta la hora del almuerzo. También le indicó que su ritmo de trabajo había descendido durante los últimos trece días, de modo que en la clasificación por rendimiento de la empresa se encontraba en el puesto 1.764. Había descendido ciento veintiocho puesto desde ayer, que implicaba que su comisión por productividad se vería reducida significativamente.
Después de tres horas de trabajo el dolor del pecho volvió, pero esta vez más fuerte que antes, ahora incluso le costaba respirar. Con resignación se levantó de su ergonómica silla pretendiendo dirigirse a la consulta del médico de la empresa asignado a esa planta. Un mensaje apareció en su terminal.
Ya ha usado los dos descansos programados para la primera parte de la jornada. Si no vuelve inmediatamente, conllevará una sanción disciplinaria.
Domenec se sentó. Y cumplió con su trabajo escrupulosamente hasta la hora convenida, haciendo pequeños altos para recuperarse del dolor que le acusaba cada vez más. Al menos mientras siguiera sentado en la silla, el aire respirado solo le costaba un 20%.
Su descanso de una hora para comer coincidía con el de todo el personal del edificio, incluidos los médicos. De modo que Domenec no tuvo más opción que comer en la cafetería, y esperar a que comenzase la segunda parte de la jornada para usar uno de los dos descansos para consultar al médico.
La comida tenía el mismo color gris de siempre, pero se podía elegir el sabor que se quisiera sin ningún coste adicional, aunque Domenec escogió un sabor recomendado aleatorio antes que enfrentarse a la tediosa decisión de elegir entre más de veinte mil sabores distintos que tenía disponibles. Comió en silencio en una larga mesa junto con sus compañeros de trabajo.
Terminó su comida altamente nutritiva con sabor a pato a la naranja y se quedó sentado leyendo en el mismo lugar donde había comido. La hora de almorzar terminó y todos volvieron a sus puestos de trabajo con una sincronía militar. Domenec no fue una excepción, casi sin proponérselo, al igual que el resto de trabajadores, formaron una ordenada fila que iba serpenteando por los pasillos hasta que todos estuvieron sentados donde se suponía que debían estar. Domenec se sentó, ahora tras la comida se encontraba mejor, así que decidió trabajar sin descanso hasta que se volviese a encontrar enfermo; era necesario aumentar la productividad cuanto pudiera. Sin embargo, el dolor volvió. Todo lo rápido que pudo andar sin correr se dirigió a la consulta del médico. Entró por la puerta y allí estaba el doctor fumando uno de esos antiguos cigarrillos electrónicos. Se levantó, cogió un diagnosticador y se paró frente a su nuevo paciente.
- Dígame, ¿qué le ocurre?
- Siento una presión en el pecho y me cuesta respirar. - Comentó Domenec sin mostrar ningún atisbo de preocupación mientras señalaba con la mano cerca del esternón.
- Ajá. - El doctor pasó de arriba a abajo el pequeño diagnosticador. Consultó brevemente el resultado en su ojo izquierdo y volvió a sentarse en su silla adaptada a la morfología humana. - Parece ser que tiene una angina. No es grave. Le recetaré un medicamento y deberá quedarse en su nicho-dormitorio sin hacer esfuerzos.
- ¿No puedo venir a trabajar?
- No, no puede. Además, el tratamiento produce cierto cansancio y somnolencia, de modo que no lo haría correctamente. - El doctor vio que la cara de Domenec hacia una mueca. - Tranquilícese, solo deberá guardar reposo un día, después podrá volver al trabajo. Tenemos bastante suerte en esta empresa ¿sabe? Podemos estar hasta dos días por baja médica y no nos despedirían. - se dejó caer un poco en su silla. - Sí, mucha suerte diría yo. Perderá su productividad, claro. Pero solo solo por un día.
Domenec salió de la consulta. Era, definitivamente, un día malo. La productividad suponía el 90% del sueldo diario. Volvió a su silla de trabajo y, con bastante esfuerzo, terminó las horas que le quedaban por delante.
Fue a comprar el medicamento que le habían encargado al dispensador automático más cercano, se metió en las vías y llegó hasta su ataúd habitual. No tenía nada de especial, pero era barato su alquiler diario y le proporcionaba cierta estabilidad mental el tener un lugar al que volver. Antes de entrar en él vio la publicidad proyectada sobre la pared llena de habitáculos.
¡Compre ahora su permiso de decibelios Rabit An Panty! ¡Hable más alto pagando menos!
En ese momento recordó que hoy había hablado demasiado. Una vez con el guardia y otra con el médico.
Se metió dentro del ataúd, tramitó su baja por enfermedad desde su ojo y se tomó el medicamento. Consiguió leer unas pocas decenas de páginas antes de quedarse dormido. Y mientras estaba en su vigilia, recordó que se había gastado dinero en el libro... Todas sus deudas lo atenazaron de repente: había respirado demasiado aire, había caminado por la calle, había hablado demasiado, se había puesto enfermo.
El día siguiente se lo pasó leyendo. Terminó el libro. Pensó sobre él. Contactó de nuevo con su conocido en la Zona Siberiana y le preguntó si podía recomendarle otro libro. Crónicas Marcianas. Era también bastante antiguo y barato, y ya que ese día no iba usar la vía, invirtió ese dinero en el libro. Y comenzó a leer. Y lo terminó.
Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada.
Los dos libros que se había leído hablaban de mundos que nunca llegaron a suceder, mundos que habían sido bellos y que se volvieron fríos, contaban sobre civilizaciones que perdieron su rumbo y que, quizás, en algún momento volverían a encontrarlo.
Domenec lloró. En realidad no entendía el significado que albergaban los libros. Solo sabía que había algo triste en su historia, y que había algo triste en el mundo que narraban. Y le pareció que la ciudad desprendía la misma tristeza que le hacían sentir los libros. Pero al final, los libros se acababan y la ciudad permanecía, y eso lo acongojaba.
A la mañana siguiente Domenec se levantó sano, sin dolor. Pero no fue a trabajar.
Las cinco de la mañana. Faltaba una hora y media para que las luces artificiales de la ciudad iluminasen a todos los habitantes. Domenec se despertó en cuanto su pequeño reloj interno comenzó a emitir el pitido de despertador, se estiró como pudo durante unos instantes y luego salió del ataúd para terminar de desperezarse. Se dio cuenta de que ayer estaba tan cansado que olvidó que ahora se encontraba muy cerca de su trabajo y no tenía necesidad de estar levantado tan temprano. Con un leve movimiento de cabeza preprogramado por él mismo activó la pequeña pantalla adherida a su ojo izquierdo, y comenzó a revisar las facturas. Al parecer las grandes inspiraciones de aire del día anterior habían hecho que su consumo de aire se disparase, por lo que le tocaría pagar un buen suplemento por el excesivo gasto de éste. Resignado se fue hacia los baños públicos situados en el edificio-dormitorio donde se encontraba. Entró en el aseo, se metió en una cabina de higiene y se quitó su ligero monotraje gris marengo. Un primer chorro de polvo desinfectante lo envolvió desde todas las direcciones, y segundos después, el gas a presión terminó el trabajo de limpieza. Le sobraban todavía veinte segundos en la cabina, de modo que se colocó el monotraje dentro de ella, y después salió tranquilamente a mirarse en el espejo.
Le sobraba todavía una hora antes de tener que ir a trabajar, hacía mucho tiempo que no tenía tanto tiempo libre, de modo que se fue andando por la acera no direccional en vez de por las cintas transportadoras. Andar... hacia demasiado tiempo que no andaba tranquilamente. De pronto se acordó de correr. Empezó a recordar como de pequeño jugaba a ir detrás de otros niños y tocarlos, o cómo simplemente corrían para ver quién era el más rápido. Esos tiempos en la guardería y en la escuela primaria quedaron muy atrás. De pronto le entraron ganas de hacerlo, pero recordó la factura que acababa de revisar hace poco y pensó que no podría asumir una multa por correr en la calle. Mientras andaba de forma despreocupada pensando en esto, se percató de que un guardia de seguridad se le acercaba por el lateral, Domenec se paró y esperó al guarda, que al llegar se cuadró y comenzó a hablar.
- Señor, me temo que he pedirle que se marche de la vía no direccional.
- ¿He cometido alguna infracción señor?
- Me temo que sí, desde ayer a las 18:00 esta vía dejó de ser de libre acceso, la compañía a la que pertenece, la Carl Ols Wei, hizo el anunció públicamente ayer a las 17:35. Deberá abandonar la vía y pagar una multa en concepto de indemnización a la compañía.
- Oh... - Domenec no se sintió sorprendido, últimamente las compañías estaban deshabilitando las viejas vías para asegurarse de que la gente andase por las nuevas, que constituían un negocio más lucrativo. - Está bien.
- Sus datos ya han sido transferidos y la multa ha sido pagada. Deberá salir por el desvío más cercano. Buenos días tenga usted. - Y tras esto, el guarda se cruzó con Domenec y siguió su camino.
El día de hoy había empezado peor si cabe que el de ayer, y ese estúpido dolor en el pecho que le obligaba a tomar más aire del que debía comenzó de nuevo. Siguió su camino hasta el trabajo, la vía direccional era más cara por segundo que la no direccional, pero ahora mismo no tenía otra alternativa, pues su aeromóvil se encontraba muy lejos y, de todas formas, pagar por el espacio aéreo transitado era más caro que pagar por las vías. Por fin llegó al edificio donde trabajaba, un enorme complejo de oficinas de más de doscientos pisos, que se encargaba de administrar los espacios publicitarios en las fachadas de todos los edificios del sector 42 de la Zona Íbera. Aún le quedaban unos treinta minutos antes de tener que empezar a trabajar, dudó si sentarse durante ese tiempo en los bancos que se encontraban pegados a las paredes del edificio, pues al pertenecer a su compañía, el coste por su uso se le rebajaba un 70%, aún así prefirió encaminarse a su mesa. Ya había perdido suficiente dinero esta mañana andando y respirando.
Llegó a su terminal de trabajo, aún le sobraban veinte minutos hasta que su ordenador se encendiese y tuviese que comenzar a trabajar. Durante ese tiempo navegó por la red desde su ojo izquierdo y, sin atender realmente a lo que leía o veía, recordó un libro que le había recomendado hacía poco tiempo un contacto suyo en la Zona Siberiana. Buscó el libro, había sido escrito por lo menos hace dos siglos, y ya pocas eran las personas que lo compraban, por lo que el libro estaba bastante barato. Bóvedas de acero. Parecía un libro como otro cualquiera de los miles de millones que existían. Domenec compró el libro, y pocos segundos después comenzó a leerlo desde su ojo.
Lije Baley acababa de sentarse en su mesa cuando vio que R. Sammy lo miraba con expectación...
Leyó durante hasta que su terminal se encendió solo y le comunicó que tenía cinco horas de trabajo por delante hasta la hora del almuerzo. También le indicó que su ritmo de trabajo había descendido durante los últimos trece días, de modo que en la clasificación por rendimiento de la empresa se encontraba en el puesto 1.764. Había descendido ciento veintiocho puesto desde ayer, que implicaba que su comisión por productividad se vería reducida significativamente.
Después de tres horas de trabajo el dolor del pecho volvió, pero esta vez más fuerte que antes, ahora incluso le costaba respirar. Con resignación se levantó de su ergonómica silla pretendiendo dirigirse a la consulta del médico de la empresa asignado a esa planta. Un mensaje apareció en su terminal.
Ya ha usado los dos descansos programados para la primera parte de la jornada. Si no vuelve inmediatamente, conllevará una sanción disciplinaria.
Domenec se sentó. Y cumplió con su trabajo escrupulosamente hasta la hora convenida, haciendo pequeños altos para recuperarse del dolor que le acusaba cada vez más. Al menos mientras siguiera sentado en la silla, el aire respirado solo le costaba un 20%.
Su descanso de una hora para comer coincidía con el de todo el personal del edificio, incluidos los médicos. De modo que Domenec no tuvo más opción que comer en la cafetería, y esperar a que comenzase la segunda parte de la jornada para usar uno de los dos descansos para consultar al médico.
La comida tenía el mismo color gris de siempre, pero se podía elegir el sabor que se quisiera sin ningún coste adicional, aunque Domenec escogió un sabor recomendado aleatorio antes que enfrentarse a la tediosa decisión de elegir entre más de veinte mil sabores distintos que tenía disponibles. Comió en silencio en una larga mesa junto con sus compañeros de trabajo.
Terminó su comida altamente nutritiva con sabor a pato a la naranja y se quedó sentado leyendo en el mismo lugar donde había comido. La hora de almorzar terminó y todos volvieron a sus puestos de trabajo con una sincronía militar. Domenec no fue una excepción, casi sin proponérselo, al igual que el resto de trabajadores, formaron una ordenada fila que iba serpenteando por los pasillos hasta que todos estuvieron sentados donde se suponía que debían estar. Domenec se sentó, ahora tras la comida se encontraba mejor, así que decidió trabajar sin descanso hasta que se volviese a encontrar enfermo; era necesario aumentar la productividad cuanto pudiera. Sin embargo, el dolor volvió. Todo lo rápido que pudo andar sin correr se dirigió a la consulta del médico. Entró por la puerta y allí estaba el doctor fumando uno de esos antiguos cigarrillos electrónicos. Se levantó, cogió un diagnosticador y se paró frente a su nuevo paciente.
- Dígame, ¿qué le ocurre?
- Siento una presión en el pecho y me cuesta respirar. - Comentó Domenec sin mostrar ningún atisbo de preocupación mientras señalaba con la mano cerca del esternón.
- Ajá. - El doctor pasó de arriba a abajo el pequeño diagnosticador. Consultó brevemente el resultado en su ojo izquierdo y volvió a sentarse en su silla adaptada a la morfología humana. - Parece ser que tiene una angina. No es grave. Le recetaré un medicamento y deberá quedarse en su nicho-dormitorio sin hacer esfuerzos.
- ¿No puedo venir a trabajar?
- No, no puede. Además, el tratamiento produce cierto cansancio y somnolencia, de modo que no lo haría correctamente. - El doctor vio que la cara de Domenec hacia una mueca. - Tranquilícese, solo deberá guardar reposo un día, después podrá volver al trabajo. Tenemos bastante suerte en esta empresa ¿sabe? Podemos estar hasta dos días por baja médica y no nos despedirían. - se dejó caer un poco en su silla. - Sí, mucha suerte diría yo. Perderá su productividad, claro. Pero solo solo por un día.
Domenec salió de la consulta. Era, definitivamente, un día malo. La productividad suponía el 90% del sueldo diario. Volvió a su silla de trabajo y, con bastante esfuerzo, terminó las horas que le quedaban por delante.
Fue a comprar el medicamento que le habían encargado al dispensador automático más cercano, se metió en las vías y llegó hasta su ataúd habitual. No tenía nada de especial, pero era barato su alquiler diario y le proporcionaba cierta estabilidad mental el tener un lugar al que volver. Antes de entrar en él vio la publicidad proyectada sobre la pared llena de habitáculos.
¡Compre ahora su permiso de decibelios Rabit An Panty! ¡Hable más alto pagando menos!
En ese momento recordó que hoy había hablado demasiado. Una vez con el guardia y otra con el médico.
Se metió dentro del ataúd, tramitó su baja por enfermedad desde su ojo y se tomó el medicamento. Consiguió leer unas pocas decenas de páginas antes de quedarse dormido. Y mientras estaba en su vigilia, recordó que se había gastado dinero en el libro... Todas sus deudas lo atenazaron de repente: había respirado demasiado aire, había caminado por la calle, había hablado demasiado, se había puesto enfermo.
El día siguiente se lo pasó leyendo. Terminó el libro. Pensó sobre él. Contactó de nuevo con su conocido en la Zona Siberiana y le preguntó si podía recomendarle otro libro. Crónicas Marcianas. Era también bastante antiguo y barato, y ya que ese día no iba usar la vía, invirtió ese dinero en el libro. Y comenzó a leer. Y lo terminó.
Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada.
Los dos libros que se había leído hablaban de mundos que nunca llegaron a suceder, mundos que habían sido bellos y que se volvieron fríos, contaban sobre civilizaciones que perdieron su rumbo y que, quizás, en algún momento volverían a encontrarlo.
Domenec lloró. En realidad no entendía el significado que albergaban los libros. Solo sabía que había algo triste en su historia, y que había algo triste en el mundo que narraban. Y le pareció que la ciudad desprendía la misma tristeza que le hacían sentir los libros. Pero al final, los libros se acababan y la ciudad permanecía, y eso lo acongojaba.
A la mañana siguiente Domenec se levantó sano, sin dolor. Pero no fue a trabajar.
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Bichu-historias
lunes, diciembre 09, 2013
China sigue molando
Tío, yo antes molaba, escribía cosas divertidas, o por lo menos a mí me lo parecían (que para eso el blog es mío y me lo follo cuando quiero); y desde hace meses no hago nada así. Debo de estar cambiando, no sé si es maduración, que no creo, o simplemente me estoy volviendo un amargado, sea como fuere... bah, da igual, no tengo ganas de pensar.
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Bichu piensa
domingo, diciembre 08, 2013
Iguales
Culto a la mediocridad. Renuncia a la ambición. La consabida idea de que somos especiales enfrentada a la suposición de que todos debemos ser iguales. Pereza.
En algún lugar del mundo, alguien teclea unas banas palabras sin significado.
En algún otro lugar, alguien teclea unas palabras muy similares dotadas de auténtica profundidad.
Un tercero lee los dos textos y piensa que ambos autores en realidad son la misma persona.
Y un ser superior lee los pensamientos de este último y se descojona.
En algún lugar del mundo, alguien teclea unas banas palabras sin significado.
En algún otro lugar, alguien teclea unas palabras muy similares dotadas de auténtica profundidad.
Un tercero lee los dos textos y piensa que ambos autores en realidad son la misma persona.
Y un ser superior lee los pensamientos de este último y se descojona.
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viernes, diciembre 06, 2013
Gratuito...
Bichu: Te veré en el infierno... desde el cielo.
Señor Albino: No digas tonterías Bichu, a ti la entrada al cielo se te cerró hace mucho tiempo.
Señor Rojo Comunista: Sí, cuando Bichu se folló a la hermana de dios.
Señor Albino: No digas tonterías Bichu, a ti la entrada al cielo se te cerró hace mucho tiempo.
Señor Rojo Comunista: Sí, cuando Bichu se folló a la hermana de dios.
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domingo, noviembre 24, 2013
Tonterías de sábados aburridos
"- ¿Sabes una cosa? No me gusta mi vida.
- Oh... ¿y eso?
- Es difícil de explicar, tengo momento puntuales de alegría, al igual que momentos de tristeza, y de aburrimiento, de melancolía, de un montón de cosas. Pero esté como esté, siempre acabo volviendo a una especie de apatía. Ese vacío que eres incapaz de llenar del que habla tanta gente.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto?
- Pues la verdad es que no lo sé. Creo que no puedo hacer nada. Pero me gustaría irme, largarme lejos, desconectar de todo.
- ¿Y por qué no lo haces?
- Quizás por cobardía, quizás porque hay gente a la que echaría de menos. O quizás porque hay gente que me echaría de menos.
- Bueno, si es por lo primero solo tienes que echarle huevos, si es por lo segundo o lo tercero, tendrías que elegir.
- Ya bueno, supongo que en realidad son todos los motivos juntos, y estoy como sin poder moverse ¿sabes?
- ¿Qué harás entonces?
- Probablemente lo de siempre, seguir aguantando, hasta que un día...
- ... ¿Qué? ¿Explotes o algo así?
- Algo así, supongo.
- En fin, si te sientes mal pero no piensas hacer nada es tu culpa.
- Lo sé, tampoco es que lo pague con nada ni con nadie.
- Al menos tienes eso claro.
- Sí, puede que sea lo único.
- Oye colega, ¿sabes una cosa?
- ¿El qué?
- Eres un quejica."
- Oh... ¿y eso?
- Es difícil de explicar, tengo momento puntuales de alegría, al igual que momentos de tristeza, y de aburrimiento, de melancolía, de un montón de cosas. Pero esté como esté, siempre acabo volviendo a una especie de apatía. Ese vacío que eres incapaz de llenar del que habla tanta gente.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto?
- Pues la verdad es que no lo sé. Creo que no puedo hacer nada. Pero me gustaría irme, largarme lejos, desconectar de todo.
- ¿Y por qué no lo haces?
- Quizás por cobardía, quizás porque hay gente a la que echaría de menos. O quizás porque hay gente que me echaría de menos.
- Bueno, si es por lo primero solo tienes que echarle huevos, si es por lo segundo o lo tercero, tendrías que elegir.
- Ya bueno, supongo que en realidad son todos los motivos juntos, y estoy como sin poder moverse ¿sabes?
- ¿Qué harás entonces?
- Probablemente lo de siempre, seguir aguantando, hasta que un día...
- ... ¿Qué? ¿Explotes o algo así?
- Algo así, supongo.
- En fin, si te sientes mal pero no piensas hacer nada es tu culpa.
- Lo sé, tampoco es que lo pague con nada ni con nadie.
- Al menos tienes eso claro.
- Sí, puede que sea lo único.
- Oye colega, ¿sabes una cosa?
- ¿El qué?
- Eres un quejica."
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La otra vida de Bichu
domingo, noviembre 17, 2013
これはコカインです
Es increíble como una noche cualquiera puede acabar en que un notas que has conocido hace 20 minutos te ofrezca de buen rollo una rayita de cocaína gratis diciéndote que verás lo bien que se habla así en japonés.
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Vida de Bichu
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