Maik entró como siempre, desde hace unos 15 años, en la tienda de aire del señor Klaus.
- ¿Qué va a ser hoy?
- Aire. Como siempre.
- ¿De respirar o del otro?
- De respirar.
Esta conversación se repetía una y otra vez, cada pocos días, que es cuando a Maik se le acababa el aire y tenía ir a comprar más. Un día, dudoso, Maik le preguntó al señor Klaus.
- Oiga, el aire que no es para respirar, ¿se lo compra alguien?
- No.
- ¿Y para qué lo tiene?
- Por si alguien lo pide alguna vez.
La tienda del señor Klaus era la única en toda la ciudad que vendía aire que no era para respirar, Maik no iba allí por esto, sino por costumbre, ya que su padre también le compraba aire al viejo Klaus, y su tienda siempre le resultaba cálida y familiar.
Y así pasaron los años, cada vez que a Maik estaba a punto de agortársele el aire, iba a la tienda de aire del señor Klaus para comprar otra reserva de aire que le durase unos días.
Nadie sabe qué ocurrió, si fue algo que hizo o que le pasó, si fue meditado o espontáneo, o si fue por algo que había gestando en su mente durante mucho. Quizás vio la miseria que había en el mundo, quizás vio su belleza, o quizás el problema fue que no vio nada. Pero un día, Maik entró una vez más en la tienda.
- ¿En qué puedo ayudarte hoy?
- Aire.
- ¿De respirar o del otro?
- ¿Sabes? Solo por una vez, quiero probar del otro.
miércoles, abril 30, 2014
miércoles, abril 09, 2014
Bichu usó Sustituto. El sustituto se debilitó. Bichu usó Sustituto.
Hace un tiempo mi amiga la Señora Magenta, que es bióloga, se fue a vivir a otro país, y durante ese tiempo conocí a una muchacha (la Señora Verde Rana) también bióloga y alegre y cariñosa como ella y me hice su amigo, saliendo a tomar cervezas y esas cosas que hace la gente con los amigos. Cuando mi amiga volvió a España se enfadó (de mentira) y me recriminó que la había sustituido por otra. Por cierto, no tiene nada que ver, pero la Señora Magenta tiene el pelo rizado.
Ayer resultó que, por avatares del destino, conocí a una muchacha alegre y jovial, que siempre sonríe, y que toca la flauta travesera. Y esta chica resulta que tiene el mismo nombre que mi amiga la Señora Naranja Cítrico, que vive en otra ciudad, que toca el requinto (que es otro instrumento de viento metal), y es una persona alegre, jovial y que siempre sonríe. Hoy se lo he comentado, y su primer comentario después de saludarme ha sido "¿Oh, sí? ¡Qué guay! Aunque me siento reemplazada". La Señora Naranja Cítrico tiene el pelo rizado.
Pequeñas y extrañas causalidades de la vida que hacen que mi cerebro enlace hechos y situaciones que en realidad tienen poco que ver. Pero es divertido, y divertido es conocer muchachas alegres y joviales que siempre sonríen.
Ayer resultó que, por avatares del destino, conocí a una muchacha alegre y jovial, que siempre sonríe, y que toca la flauta travesera. Y esta chica resulta que tiene el mismo nombre que mi amiga la Señora Naranja Cítrico, que vive en otra ciudad, que toca el requinto (que es otro instrumento de viento metal), y es una persona alegre, jovial y que siempre sonríe. Hoy se lo he comentado, y su primer comentario después de saludarme ha sido "¿Oh, sí? ¡Qué guay! Aunque me siento reemplazada". La Señora Naranja Cítrico tiene el pelo rizado.
Pequeñas y extrañas causalidades de la vida que hacen que mi cerebro enlace hechos y situaciones que en realidad tienen poco que ver. Pero es divertido, y divertido es conocer muchachas alegres y joviales que siempre sonríen.
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Vida de Bichu
martes, abril 01, 2014
Cálida.
Él estaba suspendido por encima de ella, alargando su mano y su brazo todo lo que podía. Ella ya se había dado cuenta hace tiempo que nunca llegaría a cogerla de nueva. Y mientras el fuego entraba en la pequeña estancia, ella susurró "Voy a tener un hijo", y añadió, levantando la mirada y el tono, hacia el muchacho "¿verdad?". Ni un segundo pasó cuando él ya había respondido con una sonrisa y una voz resuelta "Claro que sí". Y poco más de un segundo pasó cuando el fuego devoró la habitación.
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Sueños de Bichu
jueves, marzo 06, 2014
Esencia.
Siempre he sido así.
Vago.
Es la base de mi existencia, y tú lo sabes.
Vago.
Es la base de mi existencia, y tú lo sabes.
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jueves, diciembre 19, 2013
Behind the Internet's door
Me resulta difícil comprender cómo, siendo Internet lo que es, es tan complicado encontrar una película porno específica doblada al español.
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Vida de Bichu
martes, diciembre 17, 2013
80% de descuento.
No estaba siendo un buen día para Domenec Capmo, acababa de terminar su jornada de trabajo diaria y comenzaba a sentir un pequeño dolor en el pecho, que en ocasiones le instaba a inspirar más fuertemente para llenar del todo los pulmones. No había sido un buen día, y ahora era incluso peor, inspirar fuertemente le hacía pensar en la factura que le llegaría dentro de pocos días a su cuenta. Decidió no ir a dormir a su ataúd habitual, aunque ello conllevase pagar ahora mismo un pequeño extra por dormir en una zona de la ciudad más céntrica; se sentía muy cansado, de modo que en cuanto entró en su espacioso nicho para dormir se sumió rápidamente en un profundo sueño tras preparar el despertador para seis horas más tarde.
Las cinco de la mañana. Faltaba una hora y media para que las luces artificiales de la ciudad iluminasen a todos los habitantes. Domenec se despertó en cuanto su pequeño reloj interno comenzó a emitir el pitido de despertador, se estiró como pudo durante unos instantes y luego salió del ataúd para terminar de desperezarse. Se dio cuenta de que ayer estaba tan cansado que olvidó que ahora se encontraba muy cerca de su trabajo y no tenía necesidad de estar levantado tan temprano. Con un leve movimiento de cabeza preprogramado por él mismo activó la pequeña pantalla adherida a su ojo izquierdo, y comenzó a revisar las facturas. Al parecer las grandes inspiraciones de aire del día anterior habían hecho que su consumo de aire se disparase, por lo que le tocaría pagar un buen suplemento por el excesivo gasto de éste. Resignado se fue hacia los baños públicos situados en el edificio-dormitorio donde se encontraba. Entró en el aseo, se metió en una cabina de higiene y se quitó su ligero monotraje gris marengo. Un primer chorro de polvo desinfectante lo envolvió desde todas las direcciones, y segundos después, el gas a presión terminó el trabajo de limpieza. Le sobraban todavía veinte segundos en la cabina, de modo que se colocó el monotraje dentro de ella, y después salió tranquilamente a mirarse en el espejo.
Le sobraba todavía una hora antes de tener que ir a trabajar, hacía mucho tiempo que no tenía tanto tiempo libre, de modo que se fue andando por la acera no direccional en vez de por las cintas transportadoras. Andar... hacia demasiado tiempo que no andaba tranquilamente. De pronto se acordó de correr. Empezó a recordar como de pequeño jugaba a ir detrás de otros niños y tocarlos, o cómo simplemente corrían para ver quién era el más rápido. Esos tiempos en la guardería y en la escuela primaria quedaron muy atrás. De pronto le entraron ganas de hacerlo, pero recordó la factura que acababa de revisar hace poco y pensó que no podría asumir una multa por correr en la calle. Mientras andaba de forma despreocupada pensando en esto, se percató de que un guardia de seguridad se le acercaba por el lateral, Domenec se paró y esperó al guarda, que al llegar se cuadró y comenzó a hablar.
- Señor, me temo que he pedirle que se marche de la vía no direccional.
- ¿He cometido alguna infracción señor?
- Me temo que sí, desde ayer a las 18:00 esta vía dejó de ser de libre acceso, la compañía a la que pertenece, la Carl Ols Wei, hizo el anunció públicamente ayer a las 17:35. Deberá abandonar la vía y pagar una multa en concepto de indemnización a la compañía.
- Oh... - Domenec no se sintió sorprendido, últimamente las compañías estaban deshabilitando las viejas vías para asegurarse de que la gente andase por las nuevas, que constituían un negocio más lucrativo. - Está bien.
- Sus datos ya han sido transferidos y la multa ha sido pagada. Deberá salir por el desvío más cercano. Buenos días tenga usted. - Y tras esto, el guarda se cruzó con Domenec y siguió su camino.
El día de hoy había empezado peor si cabe que el de ayer, y ese estúpido dolor en el pecho que le obligaba a tomar más aire del que debía comenzó de nuevo. Siguió su camino hasta el trabajo, la vía direccional era más cara por segundo que la no direccional, pero ahora mismo no tenía otra alternativa, pues su aeromóvil se encontraba muy lejos y, de todas formas, pagar por el espacio aéreo transitado era más caro que pagar por las vías. Por fin llegó al edificio donde trabajaba, un enorme complejo de oficinas de más de doscientos pisos, que se encargaba de administrar los espacios publicitarios en las fachadas de todos los edificios del sector 42 de la Zona Íbera. Aún le quedaban unos treinta minutos antes de tener que empezar a trabajar, dudó si sentarse durante ese tiempo en los bancos que se encontraban pegados a las paredes del edificio, pues al pertenecer a su compañía, el coste por su uso se le rebajaba un 70%, aún así prefirió encaminarse a su mesa. Ya había perdido suficiente dinero esta mañana andando y respirando.
Llegó a su terminal de trabajo, aún le sobraban veinte minutos hasta que su ordenador se encendiese y tuviese que comenzar a trabajar. Durante ese tiempo navegó por la red desde su ojo izquierdo y, sin atender realmente a lo que leía o veía, recordó un libro que le había recomendado hacía poco tiempo un contacto suyo en la Zona Siberiana. Buscó el libro, había sido escrito por lo menos hace dos siglos, y ya pocas eran las personas que lo compraban, por lo que el libro estaba bastante barato. Bóvedas de acero. Parecía un libro como otro cualquiera de los miles de millones que existían. Domenec compró el libro, y pocos segundos después comenzó a leerlo desde su ojo.
Lije Baley acababa de sentarse en su mesa cuando vio que R. Sammy lo miraba con expectación...
Leyó durante hasta que su terminal se encendió solo y le comunicó que tenía cinco horas de trabajo por delante hasta la hora del almuerzo. También le indicó que su ritmo de trabajo había descendido durante los últimos trece días, de modo que en la clasificación por rendimiento de la empresa se encontraba en el puesto 1.764. Había descendido ciento veintiocho puesto desde ayer, que implicaba que su comisión por productividad se vería reducida significativamente.
Después de tres horas de trabajo el dolor del pecho volvió, pero esta vez más fuerte que antes, ahora incluso le costaba respirar. Con resignación se levantó de su ergonómica silla pretendiendo dirigirse a la consulta del médico de la empresa asignado a esa planta. Un mensaje apareció en su terminal.
Ya ha usado los dos descansos programados para la primera parte de la jornada. Si no vuelve inmediatamente, conllevará una sanción disciplinaria.
Domenec se sentó. Y cumplió con su trabajo escrupulosamente hasta la hora convenida, haciendo pequeños altos para recuperarse del dolor que le acusaba cada vez más. Al menos mientras siguiera sentado en la silla, el aire respirado solo le costaba un 20%.
Su descanso de una hora para comer coincidía con el de todo el personal del edificio, incluidos los médicos. De modo que Domenec no tuvo más opción que comer en la cafetería, y esperar a que comenzase la segunda parte de la jornada para usar uno de los dos descansos para consultar al médico.
La comida tenía el mismo color gris de siempre, pero se podía elegir el sabor que se quisiera sin ningún coste adicional, aunque Domenec escogió un sabor recomendado aleatorio antes que enfrentarse a la tediosa decisión de elegir entre más de veinte mil sabores distintos que tenía disponibles. Comió en silencio en una larga mesa junto con sus compañeros de trabajo.
Terminó su comida altamente nutritiva con sabor a pato a la naranja y se quedó sentado leyendo en el mismo lugar donde había comido. La hora de almorzar terminó y todos volvieron a sus puestos de trabajo con una sincronía militar. Domenec no fue una excepción, casi sin proponérselo, al igual que el resto de trabajadores, formaron una ordenada fila que iba serpenteando por los pasillos hasta que todos estuvieron sentados donde se suponía que debían estar. Domenec se sentó, ahora tras la comida se encontraba mejor, así que decidió trabajar sin descanso hasta que se volviese a encontrar enfermo; era necesario aumentar la productividad cuanto pudiera. Sin embargo, el dolor volvió. Todo lo rápido que pudo andar sin correr se dirigió a la consulta del médico. Entró por la puerta y allí estaba el doctor fumando uno de esos antiguos cigarrillos electrónicos. Se levantó, cogió un diagnosticador y se paró frente a su nuevo paciente.
- Dígame, ¿qué le ocurre?
- Siento una presión en el pecho y me cuesta respirar. - Comentó Domenec sin mostrar ningún atisbo de preocupación mientras señalaba con la mano cerca del esternón.
- Ajá. - El doctor pasó de arriba a abajo el pequeño diagnosticador. Consultó brevemente el resultado en su ojo izquierdo y volvió a sentarse en su silla adaptada a la morfología humana. - Parece ser que tiene una angina. No es grave. Le recetaré un medicamento y deberá quedarse en su nicho-dormitorio sin hacer esfuerzos.
- ¿No puedo venir a trabajar?
- No, no puede. Además, el tratamiento produce cierto cansancio y somnolencia, de modo que no lo haría correctamente. - El doctor vio que la cara de Domenec hacia una mueca. - Tranquilícese, solo deberá guardar reposo un día, después podrá volver al trabajo. Tenemos bastante suerte en esta empresa ¿sabe? Podemos estar hasta dos días por baja médica y no nos despedirían. - se dejó caer un poco en su silla. - Sí, mucha suerte diría yo. Perderá su productividad, claro. Pero solo solo por un día.
Domenec salió de la consulta. Era, definitivamente, un día malo. La productividad suponía el 90% del sueldo diario. Volvió a su silla de trabajo y, con bastante esfuerzo, terminó las horas que le quedaban por delante.
Fue a comprar el medicamento que le habían encargado al dispensador automático más cercano, se metió en las vías y llegó hasta su ataúd habitual. No tenía nada de especial, pero era barato su alquiler diario y le proporcionaba cierta estabilidad mental el tener un lugar al que volver. Antes de entrar en él vio la publicidad proyectada sobre la pared llena de habitáculos.
¡Compre ahora su permiso de decibelios Rabit An Panty! ¡Hable más alto pagando menos!
En ese momento recordó que hoy había hablado demasiado. Una vez con el guardia y otra con el médico.
Se metió dentro del ataúd, tramitó su baja por enfermedad desde su ojo y se tomó el medicamento. Consiguió leer unas pocas decenas de páginas antes de quedarse dormido. Y mientras estaba en su vigilia, recordó que se había gastado dinero en el libro... Todas sus deudas lo atenazaron de repente: había respirado demasiado aire, había caminado por la calle, había hablado demasiado, se había puesto enfermo.
El día siguiente se lo pasó leyendo. Terminó el libro. Pensó sobre él. Contactó de nuevo con su conocido en la Zona Siberiana y le preguntó si podía recomendarle otro libro. Crónicas Marcianas. Era también bastante antiguo y barato, y ya que ese día no iba usar la vía, invirtió ese dinero en el libro. Y comenzó a leer. Y lo terminó.
Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada.
Los dos libros que se había leído hablaban de mundos que nunca llegaron a suceder, mundos que habían sido bellos y que se volvieron fríos, contaban sobre civilizaciones que perdieron su rumbo y que, quizás, en algún momento volverían a encontrarlo.
Domenec lloró. En realidad no entendía el significado que albergaban los libros. Solo sabía que había algo triste en su historia, y que había algo triste en el mundo que narraban. Y le pareció que la ciudad desprendía la misma tristeza que le hacían sentir los libros. Pero al final, los libros se acababan y la ciudad permanecía, y eso lo acongojaba.
A la mañana siguiente Domenec se levantó sano, sin dolor. Pero no fue a trabajar.
Las cinco de la mañana. Faltaba una hora y media para que las luces artificiales de la ciudad iluminasen a todos los habitantes. Domenec se despertó en cuanto su pequeño reloj interno comenzó a emitir el pitido de despertador, se estiró como pudo durante unos instantes y luego salió del ataúd para terminar de desperezarse. Se dio cuenta de que ayer estaba tan cansado que olvidó que ahora se encontraba muy cerca de su trabajo y no tenía necesidad de estar levantado tan temprano. Con un leve movimiento de cabeza preprogramado por él mismo activó la pequeña pantalla adherida a su ojo izquierdo, y comenzó a revisar las facturas. Al parecer las grandes inspiraciones de aire del día anterior habían hecho que su consumo de aire se disparase, por lo que le tocaría pagar un buen suplemento por el excesivo gasto de éste. Resignado se fue hacia los baños públicos situados en el edificio-dormitorio donde se encontraba. Entró en el aseo, se metió en una cabina de higiene y se quitó su ligero monotraje gris marengo. Un primer chorro de polvo desinfectante lo envolvió desde todas las direcciones, y segundos después, el gas a presión terminó el trabajo de limpieza. Le sobraban todavía veinte segundos en la cabina, de modo que se colocó el monotraje dentro de ella, y después salió tranquilamente a mirarse en el espejo.
Le sobraba todavía una hora antes de tener que ir a trabajar, hacía mucho tiempo que no tenía tanto tiempo libre, de modo que se fue andando por la acera no direccional en vez de por las cintas transportadoras. Andar... hacia demasiado tiempo que no andaba tranquilamente. De pronto se acordó de correr. Empezó a recordar como de pequeño jugaba a ir detrás de otros niños y tocarlos, o cómo simplemente corrían para ver quién era el más rápido. Esos tiempos en la guardería y en la escuela primaria quedaron muy atrás. De pronto le entraron ganas de hacerlo, pero recordó la factura que acababa de revisar hace poco y pensó que no podría asumir una multa por correr en la calle. Mientras andaba de forma despreocupada pensando en esto, se percató de que un guardia de seguridad se le acercaba por el lateral, Domenec se paró y esperó al guarda, que al llegar se cuadró y comenzó a hablar.
- Señor, me temo que he pedirle que se marche de la vía no direccional.
- ¿He cometido alguna infracción señor?
- Me temo que sí, desde ayer a las 18:00 esta vía dejó de ser de libre acceso, la compañía a la que pertenece, la Carl Ols Wei, hizo el anunció públicamente ayer a las 17:35. Deberá abandonar la vía y pagar una multa en concepto de indemnización a la compañía.
- Oh... - Domenec no se sintió sorprendido, últimamente las compañías estaban deshabilitando las viejas vías para asegurarse de que la gente andase por las nuevas, que constituían un negocio más lucrativo. - Está bien.
- Sus datos ya han sido transferidos y la multa ha sido pagada. Deberá salir por el desvío más cercano. Buenos días tenga usted. - Y tras esto, el guarda se cruzó con Domenec y siguió su camino.
El día de hoy había empezado peor si cabe que el de ayer, y ese estúpido dolor en el pecho que le obligaba a tomar más aire del que debía comenzó de nuevo. Siguió su camino hasta el trabajo, la vía direccional era más cara por segundo que la no direccional, pero ahora mismo no tenía otra alternativa, pues su aeromóvil se encontraba muy lejos y, de todas formas, pagar por el espacio aéreo transitado era más caro que pagar por las vías. Por fin llegó al edificio donde trabajaba, un enorme complejo de oficinas de más de doscientos pisos, que se encargaba de administrar los espacios publicitarios en las fachadas de todos los edificios del sector 42 de la Zona Íbera. Aún le quedaban unos treinta minutos antes de tener que empezar a trabajar, dudó si sentarse durante ese tiempo en los bancos que se encontraban pegados a las paredes del edificio, pues al pertenecer a su compañía, el coste por su uso se le rebajaba un 70%, aún así prefirió encaminarse a su mesa. Ya había perdido suficiente dinero esta mañana andando y respirando.
Llegó a su terminal de trabajo, aún le sobraban veinte minutos hasta que su ordenador se encendiese y tuviese que comenzar a trabajar. Durante ese tiempo navegó por la red desde su ojo izquierdo y, sin atender realmente a lo que leía o veía, recordó un libro que le había recomendado hacía poco tiempo un contacto suyo en la Zona Siberiana. Buscó el libro, había sido escrito por lo menos hace dos siglos, y ya pocas eran las personas que lo compraban, por lo que el libro estaba bastante barato. Bóvedas de acero. Parecía un libro como otro cualquiera de los miles de millones que existían. Domenec compró el libro, y pocos segundos después comenzó a leerlo desde su ojo.
Lije Baley acababa de sentarse en su mesa cuando vio que R. Sammy lo miraba con expectación...
Leyó durante hasta que su terminal se encendió solo y le comunicó que tenía cinco horas de trabajo por delante hasta la hora del almuerzo. También le indicó que su ritmo de trabajo había descendido durante los últimos trece días, de modo que en la clasificación por rendimiento de la empresa se encontraba en el puesto 1.764. Había descendido ciento veintiocho puesto desde ayer, que implicaba que su comisión por productividad se vería reducida significativamente.
Después de tres horas de trabajo el dolor del pecho volvió, pero esta vez más fuerte que antes, ahora incluso le costaba respirar. Con resignación se levantó de su ergonómica silla pretendiendo dirigirse a la consulta del médico de la empresa asignado a esa planta. Un mensaje apareció en su terminal.
Ya ha usado los dos descansos programados para la primera parte de la jornada. Si no vuelve inmediatamente, conllevará una sanción disciplinaria.
Domenec se sentó. Y cumplió con su trabajo escrupulosamente hasta la hora convenida, haciendo pequeños altos para recuperarse del dolor que le acusaba cada vez más. Al menos mientras siguiera sentado en la silla, el aire respirado solo le costaba un 20%.
Su descanso de una hora para comer coincidía con el de todo el personal del edificio, incluidos los médicos. De modo que Domenec no tuvo más opción que comer en la cafetería, y esperar a que comenzase la segunda parte de la jornada para usar uno de los dos descansos para consultar al médico.
La comida tenía el mismo color gris de siempre, pero se podía elegir el sabor que se quisiera sin ningún coste adicional, aunque Domenec escogió un sabor recomendado aleatorio antes que enfrentarse a la tediosa decisión de elegir entre más de veinte mil sabores distintos que tenía disponibles. Comió en silencio en una larga mesa junto con sus compañeros de trabajo.
Terminó su comida altamente nutritiva con sabor a pato a la naranja y se quedó sentado leyendo en el mismo lugar donde había comido. La hora de almorzar terminó y todos volvieron a sus puestos de trabajo con una sincronía militar. Domenec no fue una excepción, casi sin proponérselo, al igual que el resto de trabajadores, formaron una ordenada fila que iba serpenteando por los pasillos hasta que todos estuvieron sentados donde se suponía que debían estar. Domenec se sentó, ahora tras la comida se encontraba mejor, así que decidió trabajar sin descanso hasta que se volviese a encontrar enfermo; era necesario aumentar la productividad cuanto pudiera. Sin embargo, el dolor volvió. Todo lo rápido que pudo andar sin correr se dirigió a la consulta del médico. Entró por la puerta y allí estaba el doctor fumando uno de esos antiguos cigarrillos electrónicos. Se levantó, cogió un diagnosticador y se paró frente a su nuevo paciente.
- Dígame, ¿qué le ocurre?
- Siento una presión en el pecho y me cuesta respirar. - Comentó Domenec sin mostrar ningún atisbo de preocupación mientras señalaba con la mano cerca del esternón.
- Ajá. - El doctor pasó de arriba a abajo el pequeño diagnosticador. Consultó brevemente el resultado en su ojo izquierdo y volvió a sentarse en su silla adaptada a la morfología humana. - Parece ser que tiene una angina. No es grave. Le recetaré un medicamento y deberá quedarse en su nicho-dormitorio sin hacer esfuerzos.
- ¿No puedo venir a trabajar?
- No, no puede. Además, el tratamiento produce cierto cansancio y somnolencia, de modo que no lo haría correctamente. - El doctor vio que la cara de Domenec hacia una mueca. - Tranquilícese, solo deberá guardar reposo un día, después podrá volver al trabajo. Tenemos bastante suerte en esta empresa ¿sabe? Podemos estar hasta dos días por baja médica y no nos despedirían. - se dejó caer un poco en su silla. - Sí, mucha suerte diría yo. Perderá su productividad, claro. Pero solo solo por un día.
Domenec salió de la consulta. Era, definitivamente, un día malo. La productividad suponía el 90% del sueldo diario. Volvió a su silla de trabajo y, con bastante esfuerzo, terminó las horas que le quedaban por delante.
Fue a comprar el medicamento que le habían encargado al dispensador automático más cercano, se metió en las vías y llegó hasta su ataúd habitual. No tenía nada de especial, pero era barato su alquiler diario y le proporcionaba cierta estabilidad mental el tener un lugar al que volver. Antes de entrar en él vio la publicidad proyectada sobre la pared llena de habitáculos.
¡Compre ahora su permiso de decibelios Rabit An Panty! ¡Hable más alto pagando menos!
En ese momento recordó que hoy había hablado demasiado. Una vez con el guardia y otra con el médico.
Se metió dentro del ataúd, tramitó su baja por enfermedad desde su ojo y se tomó el medicamento. Consiguió leer unas pocas decenas de páginas antes de quedarse dormido. Y mientras estaba en su vigilia, recordó que se había gastado dinero en el libro... Todas sus deudas lo atenazaron de repente: había respirado demasiado aire, había caminado por la calle, había hablado demasiado, se había puesto enfermo.
El día siguiente se lo pasó leyendo. Terminó el libro. Pensó sobre él. Contactó de nuevo con su conocido en la Zona Siberiana y le preguntó si podía recomendarle otro libro. Crónicas Marcianas. Era también bastante antiguo y barato, y ya que ese día no iba usar la vía, invirtió ese dinero en el libro. Y comenzó a leer. Y lo terminó.
Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada.
Los dos libros que se había leído hablaban de mundos que nunca llegaron a suceder, mundos que habían sido bellos y que se volvieron fríos, contaban sobre civilizaciones que perdieron su rumbo y que, quizás, en algún momento volverían a encontrarlo.
Domenec lloró. En realidad no entendía el significado que albergaban los libros. Solo sabía que había algo triste en su historia, y que había algo triste en el mundo que narraban. Y le pareció que la ciudad desprendía la misma tristeza que le hacían sentir los libros. Pero al final, los libros se acababan y la ciudad permanecía, y eso lo acongojaba.
A la mañana siguiente Domenec se levantó sano, sin dolor. Pero no fue a trabajar.
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lunes, diciembre 09, 2013
China sigue molando
Tío, yo antes molaba, escribía cosas divertidas, o por lo menos a mí me lo parecían (que para eso el blog es mío y me lo follo cuando quiero); y desde hace meses no hago nada así. Debo de estar cambiando, no sé si es maduración, que no creo, o simplemente me estoy volviendo un amargado, sea como fuere... bah, da igual, no tengo ganas de pensar.
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domingo, diciembre 08, 2013
Iguales
Culto a la mediocridad. Renuncia a la ambición. La consabida idea de que somos especiales enfrentada a la suposición de que todos debemos ser iguales. Pereza.
En algún lugar del mundo, alguien teclea unas banas palabras sin significado.
En algún otro lugar, alguien teclea unas palabras muy similares dotadas de auténtica profundidad.
Un tercero lee los dos textos y piensa que ambos autores en realidad son la misma persona.
Y un ser superior lee los pensamientos de este último y se descojona.
En algún lugar del mundo, alguien teclea unas banas palabras sin significado.
En algún otro lugar, alguien teclea unas palabras muy similares dotadas de auténtica profundidad.
Un tercero lee los dos textos y piensa que ambos autores en realidad son la misma persona.
Y un ser superior lee los pensamientos de este último y se descojona.
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Bichu-historias
viernes, diciembre 06, 2013
Gratuito...
Bichu: Te veré en el infierno... desde el cielo.
Señor Albino: No digas tonterías Bichu, a ti la entrada al cielo se te cerró hace mucho tiempo.
Señor Rojo Comunista: Sí, cuando Bichu se folló a la hermana de dios.
Señor Albino: No digas tonterías Bichu, a ti la entrada al cielo se te cerró hace mucho tiempo.
Señor Rojo Comunista: Sí, cuando Bichu se folló a la hermana de dios.
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Bichu-convers
domingo, noviembre 24, 2013
Tonterías de sábados aburridos
"- ¿Sabes una cosa? No me gusta mi vida.
- Oh... ¿y eso?
- Es difícil de explicar, tengo momento puntuales de alegría, al igual que momentos de tristeza, y de aburrimiento, de melancolía, de un montón de cosas. Pero esté como esté, siempre acabo volviendo a una especie de apatía. Ese vacío que eres incapaz de llenar del que habla tanta gente.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto?
- Pues la verdad es que no lo sé. Creo que no puedo hacer nada. Pero me gustaría irme, largarme lejos, desconectar de todo.
- ¿Y por qué no lo haces?
- Quizás por cobardía, quizás porque hay gente a la que echaría de menos. O quizás porque hay gente que me echaría de menos.
- Bueno, si es por lo primero solo tienes que echarle huevos, si es por lo segundo o lo tercero, tendrías que elegir.
- Ya bueno, supongo que en realidad son todos los motivos juntos, y estoy como sin poder moverse ¿sabes?
- ¿Qué harás entonces?
- Probablemente lo de siempre, seguir aguantando, hasta que un día...
- ... ¿Qué? ¿Explotes o algo así?
- Algo así, supongo.
- En fin, si te sientes mal pero no piensas hacer nada es tu culpa.
- Lo sé, tampoco es que lo pague con nada ni con nadie.
- Al menos tienes eso claro.
- Sí, puede que sea lo único.
- Oye colega, ¿sabes una cosa?
- ¿El qué?
- Eres un quejica."
- Oh... ¿y eso?
- Es difícil de explicar, tengo momento puntuales de alegría, al igual que momentos de tristeza, y de aburrimiento, de melancolía, de un montón de cosas. Pero esté como esté, siempre acabo volviendo a una especie de apatía. Ese vacío que eres incapaz de llenar del que habla tanta gente.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto?
- Pues la verdad es que no lo sé. Creo que no puedo hacer nada. Pero me gustaría irme, largarme lejos, desconectar de todo.
- ¿Y por qué no lo haces?
- Quizás por cobardía, quizás porque hay gente a la que echaría de menos. O quizás porque hay gente que me echaría de menos.
- Bueno, si es por lo primero solo tienes que echarle huevos, si es por lo segundo o lo tercero, tendrías que elegir.
- Ya bueno, supongo que en realidad son todos los motivos juntos, y estoy como sin poder moverse ¿sabes?
- ¿Qué harás entonces?
- Probablemente lo de siempre, seguir aguantando, hasta que un día...
- ... ¿Qué? ¿Explotes o algo así?
- Algo así, supongo.
- En fin, si te sientes mal pero no piensas hacer nada es tu culpa.
- Lo sé, tampoco es que lo pague con nada ni con nadie.
- Al menos tienes eso claro.
- Sí, puede que sea lo único.
- Oye colega, ¿sabes una cosa?
- ¿El qué?
- Eres un quejica."
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La otra vida de Bichu
domingo, noviembre 17, 2013
これはコカインです
Es increíble como una noche cualquiera puede acabar en que un notas que has conocido hace 20 minutos te ofrezca de buen rollo una rayita de cocaína gratis diciéndote que verás lo bien que se habla así en japonés.
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Vida de Bichu
jueves, noviembre 14, 2013
Ebrios halagos.
Señora Verde Rana: Pienso en ti y me sabe la boca a cerveza fresquita.
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Bichu-convers
lunes, noviembre 11, 2013
Smelly Gangsta
1. Bichu
A girl that is too complicated, often times sexy, sometimes dumb, rarely smart, kind of weird, and loves to watch YouTube videos that show people's underwear or of people getting it ON in a hut or with a servant.
Guy: Hey dude, who's your hot friend? She's such a Bichu!!
A girl that is too complicated, often times sexy, sometimes dumb, rarely smart, kind of weird, and loves to watch YouTube videos that show people's underwear or of people getting it ON in a hut or with a servant.
Guy: Hey dude, who's your hot friend? She's such a Bichu!!
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Inclasificable
jueves, octubre 03, 2013
El veloz murciélago hindú...
Tu sexy zagal hacía windsurf y jamaba kilos de ñoquis y pavo.
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Inclasificable
domingo, septiembre 29, 2013
Historias sustractivas.
En un papel en blanco, el héroe, antihéroe, o simplemente el protagonista, se pregunta a dónde va. En su mente intenta dibujar un camino, claro y conciso, pero es demasiado difícil, así que primero pinta sin forma con su paleta. Y según sale un color, avanza hacia él.
Cian.
Cielo, playa, mar... Futurama. Megalomanía, playa de los monumentos... Es un alcalde, que acaba de fundar su propia ciudad, que quiere su propio gobierno, que quiere que los nombres de las calles sean los de sus amigos y los de sus libros, películas y videojuegos favoritos. Quiere que para la gente visite la nueva ciudad se construya un parque, donde estén las reproducciones de los mayores monumentos del mundo, donde la gente vaya y visite el mundo. Quiere tener el mundo en sus manos y compartirlo. No resulta ser tan mal alcalde al final.
Magenta.
Rosa... o rojo, a qué coño se parece más el magenta. Incertidumbre, incertidumbre cálida... Es un chaval de unos veinte años, que quiere tener a una persona con él, y no quiere más nada. Quiere despertarse y abrazar algo que no sea una almohada, quiere ser débil con alguien, quiere ser feliz, aunque para ello tenga que hacer feliz a alguien; es egoísta, pero el resultado es lo que cuenta, él es feliz, la otra persona es feliz, todos son felices.
Amarillo.
Chillón, brillante, brillante futuro, el sol. El sol y el futuro... Es un tripulante en una nave espacial, en busca de maravillas del espacio, de pequeño leyó "El fin de la Eternidad" de Asimov, y coincidía con él en que la humanidad busca expandirse, llegar a todas partes, porque encerrada en este pequeño planeta se moriría. Viaja a través de las estrellas, pensando que nunca volverá, que tiene cosas por las que volver, pero que es mucho más fuerte el sentimiento de irse, de escapar, de volar, de sentirse libre, aunque nunca vuelva a ver la calidez de su Tierra natal. Se adentró en el espacio, nadie sabe si la misión tuvo éxito, probablemente no. Pero a través del espacio, quizás a través del tiempo, una botella iba flotando, con un mensaje dentro de ella, nadie lo leyó, nadie lo leerá, pero no importa, por escrito está el mensaje que él dejó como individuo: Yo tuve éxito.
El protagonista ya había pasado por tres historias, y era como una droga, una sensación de necesitar más aún cuando no has terminado realmente lo que has empezado. Las historias se suceden atropelladamente, y se siguen creando, cada una de ellas es un mundo que visitar, un cuento que vivir, una vida que relatar. Y continúa su viaje.
Rojo.
Sangre, dolor, ira, odio, muerte, destrucción, pasión... emociones... Una espada en la oscuridad. Él es la espada, es una herramienta diseñada para matar, tiene la capacidad de herir al prójimo, aunque quizás sea por una buena causa, pero eso no lo sabe. Es usada para hacer daño, su trabajo no le gusta, es desagradable, le pagan en sangre, y no es sangre lo que busca, solo busca vivir. Con sangre compra su vida, gracias a ella tiene una vaina, está afilada, alguien la cuida, y gracias a la sangre se limpia de ésta. No es una vida fácil, ni siquiera es una vida. Nunca supo si sirvió para algo su existencia, si gracias a ella el mundo mejoró, si alguien se dio cuenta siquiera de que ella estuvo allí, si alguien supo que ella sentía, que tenía emociones, que no quería hacerlo. Un día recordó la historia de Masamune y Murasama, cada uno hizo una espada, la del segundo cortaba todo a su paso, sin importar qué, con un filo extraordinario; la del primero repelía todo lo que pasase por su filo, pues no destruía innecesariamente, aun cuando podía hacerlo. Intentó ser como Masamune, pero no lo consiguió, pues las manos que la sujetaban deseaban cortar, e impotente, se dio cuenta de que era Murasama, y que siempre lo había sido. Y cuando su corazón entendió esto, se quebró, y con él, se quebró su cuerpo.
Azul.
Tranquilidad, descanso, sueño, sueños, deseos y deseos incumplidos... Es un hombre que sueña, vive entre la realidad y el sueño, y no los distingue, porque ellos no le distinguen a él. La realidad está distorsionada para él como si fuese un sueño, y el sueño se asemeja a la realidad como si fuesen dos moléculas de agua en el mismo estanque. Así, el hombre va a caballo entre los dos mundos, se despierta de la realidad y vive en el sueño. Se lleva objetos de un mundo a otro, que aparecen y desaparecen cuando su mente oscila. El hombre no tiene historia, no tiene cuento, simplemente existe en alguna dimensión donde su existencia intermedia es posible, su realidad y su sueño son lo mismo, no hay diferencia real, no confunde los dos, simplemente los vive, como cualquiera viviría con lo que tiene y lo que puede.
Verde.
La naturaleza, el bosque, el ciervo, el disparo a la madre de Bambi, la ecología como medio de supervivencia... Es una aventurera, una de los siete elegidos para salvar al mundo. Ella y sus compañeros recibieron poderes para detener a las hordas de la oscuridad que planean destruir el mundo. Su poder es el hielo, éste parte de su personalidad, porque es perezosa, trata de moverse lo menos posible, el hielo es una buena elección. Los poderes de sus compañeros son fuego, tierra, agua, viento, rayo y veneno; y viajan a través de un mundo devastado, donde hace miles de años que no existe la tecnología. Deben recorrer los templos sagrados que son la representación de sus poderes, antiguos templos venerados por los habitantes ya que suministraban energía al mundo, sacada del planeta. Esos templos ya no escuchan, ya no proveen. Pasan por innumerables pruebas en los templos y en el mundo. Su personaje no se da cuenta, pero el lector sí, los templos son descritos como una plataforma petrolífera, una central térmica, una de biomasa, una hidráulica, un parque eólico, una central eléctrica y una planta nuclear. Al final salva al mundo, pero sacrificándose por sus compañeros y por el planeta, como una digna aventurera.
Lleva seis papeles, seis personajes, pero no es suficiente, infinitas historias, infinitas posibilidades, querría ser todos, pero sabe que es imposible... solo unos cuantos más, algo más de exploración, para saciarse, para reivindicar su derecho a vivir donde él quiera, dónde él pueda, y sentirse a gusto, esté dónde esté.
Naranja.
Fruta, cítrico, salud, una persona llamada Noe, más ciervos, el césped, la tierra... Es una roca a través de los siglos. No recuerda cuando se creó, ni quiénes fueron sus minerales padres. Sabe que un día se fragmentó, no recuerda quién lo hizo, y ahora está en muchos sitios, no es ubicua, pero lo mismo se encuentra en Malasia que en Japón o en Mozambique. Empezó siendo grande, muy grande, y ahora solo es granos de arena dispersos, siendo pisoteada por gente que era más pequeña, y que ni siquiera había nacido cuando ella se creó, que hubiese muerto si ella se hubiese caído encima. No entiende la ironía de su vida, de su existencia, al fin y al cabo, era solo una puta piedra, y ahora ni eso.
Rosa.
Señor Rosa, yo, el escritor, las letras, la vida en mis manos... Es un escritor, que da vida a personajes, que está sentado frente a su ordenador escuchando Luar Na Lubre, con latas de Coca-Cola vacías en su escritorio. Que se dedica a escribir la palabra "escribir" pensando en ponerla entre comillas la segunda vez haciéndose autorreferencia. Le gusta jugar con las palabras, le gusta, en cierta medida, jugar con la mente de los demás, le gusta que la gente le lea, porque la escritura está hecha para ser leída, aún cuando a veces esa no sea su intención, aunque a veces sea para el desahogo, pero no es el caso, quiere que la gente lea la palabra "palabra" que él has escrito hace seis u ocho palabras. Quiere que la gente disfrute con algo que él haya hecho, porque si no, para qué escribe. Y extrapola esto al mundo, si nadie disfruta de algo que él haya hecho, para qué está en el mundo.
Violeta.
Flores, un ramito de violetas, canción, Mecano, Cecilia, aire... Es un niño pequeño viendo el Rey León, la escena en la que Simba se deja caer al suelo y la hierba que se levanta viaja con el viento hasta Rafiki, que reconoce su olor y descubre que está vivo. El niño adora la película, Simba es su héroe, Timón y Pumba sus amigos, y el mandril es su maestro. Crece con un gusto enorme por los animales, le encantan, piensa en hacerse biólogo, o veterinario... Pero cuando termina de crecer acaba metiéndose en cualquier otra carrera, sea bellas artes, sea aeronáutica o sea empresariales, lo importante es que se vuelve vegetariano, o vegano, u ovolactovegetariano u ovovegano. No quiere que se le haga daño a los animales para que él pueda vivir, y con su loable intención, solo consume plantas (con su deficiente aporte proteínico). Aporta su pequeño grano de arena para conseguir un mundo mejor, pero no ve su esfuerzo recompensado, al principio sí, siente que hace algo bueno, y eso es suficiente, pero luego cae en una depresión a lo largo del tiempo, él solo no puede hacer nada, lucha contra la marea, pero es demasiado fuerte, y ésta le arrastra. No obstante, se mantuvo fuerte en sus convicciones, siendo vapuleado una y otra vez por la masa y la cultura imperante, con su alma y mente resquebrajadas, pero su corazón limpio. Al morir, en un extraño cortocircuito cerebral, se le apareció Pumba entre las nubes dándole las gracias con una manzana en la boca.
Como un gato en los países anglosajones, nueve vidas tiene ya el hombre de la hoja en blanco. Tras éstas, se da cuenta de que no es un hombre... aunque tampoco una mujer, es un concepto, o es muchos conceptos, es una idea, que adopta distintas formas, y se desarrolla, porque ese es el objetivo que tiene, crecer y desarrollarse, y alimentarse de narraciones y reproducirse en distintos lugares. No es solo un hombre o una idea en una hoja de papel, es un ser vivo.
Celeste.
Cielo, atmósfera, nubes, viento, pájaros, volver, golondrinas, cocos... Es el Caballero Verde, aquél que se presentó en la corte del Rey Arturo con un hacha gigantesta, vestido todo de verde y con los cabellos del mismo color. Es aquél que retó a alguien a cortarle la cabeza, y que él haría lo mismo un año más tarde al que lo hubiese hecho. Sir Gawain fue el caballero que aceptó el desafío y le cortó la cabeza, cabeza que fue recogida por el Caballero Verde y fue recolocada en su sitio. Un año más tarde, el coraje de Sir Gawain sería puesto a prueba. Él es el Caballero Verde durante ese año, temeroso de tener que matar a un buen hombre poniendo a prueba su valor de forma tan absurda. Indeciso y confuso se encuentra durante todo ese tiempo, preguntándose por qué tuvo que hacerlo, por qué se deja arrastrar por las maquinaciones de Morgana. Él duda, siente pena, siente dolor, permite que manejen su destino y no sabe por qué. Sabe que sus sentimientos no serán relatados, pero los tiene, al fin y al cabo, es un hombre, un caballero, su honra es lo más importante, y a ella se aferra y sigue adelante. Todo termina bien, nadie mata a nadie al final, pero igual que Gawain porta un cinturón recuerdo de su debilidad, el Caballero Verde lleva una cicatriz en el cuello, recuerdo de su pasividad ante el destino.
Turquesa.
Discusión sobre si es azul o verde, una Gameboy, Pokémon, Lugia, Vaporeon... Es un chaval en un manicomio, encerrado probablemente por algo que pensaba que existía y resulta que no. Mira al mundo y ve las locuras y las incongruencias en él, y al principio no entiende por qué él está encerrado y el resto no. Y pronto se da cuenta, él está loco, sí, puede que más, puede que menos, o puede que igual que las personas que ve andando fuera de la ventana, pero su locura es única. Él intentó cruzar a su perro con un atún para que éste disparase agua por la boca, pero los otros se matan entre ellos por pedazos de tierra, por pedazos de papel, por pedazos de animales convertidos en una sustancia negra y por pedazos de bits de información. Nadie comparte su locura, y por eso está encerrado, todos los demás tienen una locura en común, y por eso están libres... Eso pensaba al principio, afortunadamente, para él, su mente cambió, y dejó de estar encerrado en un manicomio para estar libre dentro de un manicomio; se percató que los demás estaban encerrados en su propio mundo, y que él estaba libre de esas ataduras mientras estaba atado a su cama. Perspectiva, todo es perspectiva.
Chartreuse
Verde-amarillo, amarillo verdoso, verde amarillento, licor, alcohol... Es un camarero de unos cuarenta años, que regenta y despacha un pub. Cada día, sobre todo, cada fin de semana, ve a decenas y decenas de personas entrar en su bar, hablar, beber, bailar y cantar. Se gastan su dinero en el veneno que él sirve, a veces con alegría, a veces con pena, y a veces sin siquiera sentimientos. Él bebe, no es un una excepción, no es ajeno a su propio bar oscuro y con el suelo pegajoso. No sabe por qué bebe, no es para olvidar, qué querría olvidar, no es para alegrarse, el alcohol solo no alegra, bebe por beber, igual que vive por vivir. En ocasiones se lo plantea, y no llega a ninguna conclusión, le molesta un poco eso, pero luego deja de importarle. Y sigue bebiendo, y sigue despachando bebidas, a lo mejor alguien, de entre esas cientos y miles de personas a las que ha atendido en todos estos años sabe por qué beben, o sabe por qué bebe él. Se lo plantea un momento, y veces piensa en preguntarle a ese cliente con cara de conocer el mundo, pero cuando reúne el valor suficiente para hacerlo, alguien dice "¡Ey, una cerveza!", y vuelve a pasar del tema.
Lleva ya doce cuentos en su haber, que ya forman parte de él, que le siguen como apóstoles y que protege como si fuesen casas del zodiaco. Ya no le quedan más colores en su paleta. Ya no le queda más inspiración nueva, solo le queda seguir mezclando y mezclando, hasta que no reconozca cuál fue el inicio de todo. podría hacerlo, lo sabe, le gusta, es su droga, pero sabe que no acabará... Quizás un último esfuerzo, una traca final, un todo ¿Qué es todo?
Negro.
Noche, muerte, final... Es un alma sin pena, un ser que dejó este mundo hace tiempo, que ya no recuerda quién o qué era. Un político, un romántico, un colono espacial, una espada, alguien entre dos mundos, una heroína, una roca, un escritor, un vegetariano, un caballero, un loco, un camarero... Quizá fue alguien o algo de esto, o quizás no, quizás fue un pato, o un sentimiento, o quizás no fue nada. Siente que ahora es algo, y que algo fue, aunque fuese nada, ya era algo. Es un alma que no sabe si cumplió su propósito en la vida, no sabe si tuvo vida; no sabe si ha tenido muchas vidas; pero no le importa, es quien es, y quien fue, aunque realmente no fuese. No siente, no tiene cuerpo, pero está ahí, vagando por este mundo, o por el otro, o por los dos a la vez, o por uno que no sabemos que existe, o quizás viaja por un mundo que realmente no existe. Lo único que importa es que está ahí, que se siente a sí misma, y que a lo mejor, si tiene suerte, alguien la sentirá. Es la protagonista de una historia. Es una idea, y está viva.
¿Qué es nada?
Blanco.
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domingo, septiembre 15, 2013
Agua... agua magistralmente mezclada con un poco de L...S...D...
Sentadito en la arena, mirando al mar, con casi un litro de calimocho en las manos... comienza a llover.
- Bichu, vamos al chiringuito, que nos mojamos.
- ¿Tú para qué coño has venido a la playa?
Más tarde, una forma más despelotada que de costumbre en una playa, me metí en el agua mientras caía un precioso aguacero.
Y un ratillo después, con el agua cubriéndome hasta la barriga, y el chaparrón cayéndome encima, eché una relajante meada en el mar de Cádiz. Agua por fuera, agua por dentro. Y una magnífica sensación de autorrealización invadiendo mi cuerpo.
- Bichu, vamos al chiringuito, que nos mojamos.
- ¿Tú para qué coño has venido a la playa?
Más tarde, una forma más despelotada que de costumbre en una playa, me metí en el agua mientras caía un precioso aguacero.
Y un ratillo después, con el agua cubriéndome hasta la barriga, y el chaparrón cayéndome encima, eché una relajante meada en el mar de Cádiz. Agua por fuera, agua por dentro. Y una magnífica sensación de autorrealización invadiendo mi cuerpo.
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Vida de Bichu
miércoles, agosto 07, 2013
Dos tetas sobre una Concha.
Dos montes tiene Donosti-San Sebastián
uno el Urgull
de buenos caminos y gratuitos museos y castillos
otro el Igueldo
de eficientes carreteras y cimas pagadas
del Urgull un presenté me llevé
una de pino piña
en el otro, el Igueldo
un presente dejé
un orín de gran calidad
eso sí, gratis.
uno el Urgull
de buenos caminos y gratuitos museos y castillos
otro el Igueldo
de eficientes carreteras y cimas pagadas
del Urgull un presenté me llevé
una de pino piña
en el otro, el Igueldo
un presente dejé
un orín de gran calidad
eso sí, gratis.
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Chistes acertijos y esas cosas
martes, julio 30, 2013
Reencuentro.
Estaba tranquilamente mirando la última actualización del blog de un colega (que recomiendo como el comer) en la que conversan su yo de 2011 y su yo de 2013, y no he podido resistir la tentación de plagiarle homenajearle. (A ver, yo dibujo como el culo, y la foto está hecha con el móvil, pero aún así me apetecía probar)
[Texto]
- ¿Cómo me va la vida siete años en el futuro?
- Bueno... te va. Estás a punto de acabar la carrera, has viajado un montón, aunque al final no aprendiste japonés, pero bueno, aún así eres más friki ¡Ah! Y has hecho un montón de amigos, aunque has perdido otros. Pero vamos, no estás mal.
- Ajá... Y...
- Buff... Sí. Has folla'o.
- ¡Toma!
- ... Afortunadamente, también has madurado...
- ¿En serio?
- Bueno, un poco.
domingo, julio 28, 2013
El hombre que perdía el tiempo perdido.
Existe una canción antigua, antigua como el tiempo, que decía, referido al nombre de una persona, lo tuyo no es un nombre, lo tuyo es una venganza. Poner un nombre es difícil, se intenta encontrar y transmitir la esencia de los objetos, las emociones o las personas en unas pocas sílabas.
¿Cómo eran los nombres de los padres? ¿Pedro y María? ¿Elena y Matías? ¿Sergio y Lucía? ¿Eva y Ángela? La verdad es que no me acuerdo, pero eran nombres considerados normales, nombre que sus padres habían vaticinado como correctos y acertados. Pues Pedro y María, o Elena y Matías... se llamasen como se llamasen, habían decidido, quizás por designios divinos, por augurios astrológicos, por azar, o quizás por guasa y borrachera, que su hijo primogénito se llamase Saturnino.
Saturnino no era un nombre que se considerase muy normal en los tiempos que corrían, pero tenía algo, tenía cierta fuerza, por alguna extraña razón, le pegaba el nombre a ese niño.
Saturnino era un niño como otro cualquiera, es decir, era especial. Todo el mundo es especial a su manera, de modo que Saturnino era normal. Era un chaval bastante tranquilo, cuya tranquilidad evolucionó en vagancia al hacerse mayor. Y cuya vagancia se convirtió en desidia al nivel treinta y seis. Saturnino siempre, en definitiva, perdía el tiempo.
Perder el tiempo es algo que se considera bastante común en la sociedad. Pero qué es exactamente eso de "perder el tiempo". Hay quien piensa que estar mirando al techo pensando en tus cosas, quien dice que es quedarse viendo la televisión durante horas, o que es aquél que se dedica a jugar sin tener en cuenta sus responsabilidades... sea como fuere, todos están de acuerdo en que "perder el tiempo" es no hacer nada productivo.
Saturnino en sus horas muertas observando el techo, dirigiendo la mirada a la televisión o jugando con sus miniaturas de Alien se preguntaba qué era "ser productivo". Productivo, productivo, productivo, que produce, que produce algo ¿Qué producía la gente que hacía ejercicio? ¿Qué producía la gente que leía libros? ¿Qué producía realmente la gente que trabajaba y ganaba dinero con ello? Salud, conocimiento, dinero.
Saturnino decidió un día hacer ejercicio, leer muchos libros y trabajar mucho para ganar mucho dinero. Ya no miraba al techo, ya no veía la tele, y ya no jugaba con sus muñequitos. Saturnino ya no perdía el tiempo. Se volvió un hombre fuerte, listo y millonario ¡Saturnino se volvió un tochazo! Atractivo, culto, rico... consiguió el éxito, consiguió mujeres, consiguió el amor, la felicidad. Todo ¡Ahora era realmente especial!
Dejó atrás sus pensamientos sobre la productividad, sobre el tiempo, sobre lo normal, sobre lo especial. Pero eso no era malo, así era su vida ahora. Y ya está, Saturnino murió feliz, contento, querido y les dejó una gran herencia a sus hijos.
Lo único de lo que tuvo que lamentarse Saturnino alguna vez, fue que su hijo, siguiendo su legado, aumentó aún más la fortuna familiar, aunque para ello tuvo que arrancarle las entrañas (literalmente) a la gente que pretendía que compartiese su fortuna con el resto de la humanidad... Su hijo tuvo de nombre Júpiter, o Zeus, la verdad es que no me acuerdo. Si Saturnino hubiese sido listo, habría devorado a sus hijos al nacer, pero claro, estaba ocupado intentando ser productivo. Había perdido su tiempo perdido.
¡Guau! Qué buena historia... Quizás debería hacer algo por mi vida, solo tengo que procurar compaginar mis momentos productivos con los de tranquilidad, y así poder educar bien a mi hijo... Bah. Prefiero seguir mirando al techo, así no tendré que arrepentirme de que me salga un hijo psicokiller.
Como decía, Saturnino era un tipo muy vago, que hasta conseguía a veces perder el tiempo perdido. Pero perder el tiempo... era normal ¿no? ¿O era especial? Nunca me acuerdo.
¿Cómo eran los nombres de los padres? ¿Pedro y María? ¿Elena y Matías? ¿Sergio y Lucía? ¿Eva y Ángela? La verdad es que no me acuerdo, pero eran nombres considerados normales, nombre que sus padres habían vaticinado como correctos y acertados. Pues Pedro y María, o Elena y Matías... se llamasen como se llamasen, habían decidido, quizás por designios divinos, por augurios astrológicos, por azar, o quizás por guasa y borrachera, que su hijo primogénito se llamase Saturnino.
Saturnino no era un nombre que se considerase muy normal en los tiempos que corrían, pero tenía algo, tenía cierta fuerza, por alguna extraña razón, le pegaba el nombre a ese niño.
Saturnino era un niño como otro cualquiera, es decir, era especial. Todo el mundo es especial a su manera, de modo que Saturnino era normal. Era un chaval bastante tranquilo, cuya tranquilidad evolucionó en vagancia al hacerse mayor. Y cuya vagancia se convirtió en desidia al nivel treinta y seis. Saturnino siempre, en definitiva, perdía el tiempo.
Perder el tiempo es algo que se considera bastante común en la sociedad. Pero qué es exactamente eso de "perder el tiempo". Hay quien piensa que estar mirando al techo pensando en tus cosas, quien dice que es quedarse viendo la televisión durante horas, o que es aquél que se dedica a jugar sin tener en cuenta sus responsabilidades... sea como fuere, todos están de acuerdo en que "perder el tiempo" es no hacer nada productivo.
Saturnino en sus horas muertas observando el techo, dirigiendo la mirada a la televisión o jugando con sus miniaturas de Alien se preguntaba qué era "ser productivo". Productivo, productivo, productivo, que produce, que produce algo ¿Qué producía la gente que hacía ejercicio? ¿Qué producía la gente que leía libros? ¿Qué producía realmente la gente que trabajaba y ganaba dinero con ello? Salud, conocimiento, dinero.
Saturnino decidió un día hacer ejercicio, leer muchos libros y trabajar mucho para ganar mucho dinero. Ya no miraba al techo, ya no veía la tele, y ya no jugaba con sus muñequitos. Saturnino ya no perdía el tiempo. Se volvió un hombre fuerte, listo y millonario ¡Saturnino se volvió un tochazo! Atractivo, culto, rico... consiguió el éxito, consiguió mujeres, consiguió el amor, la felicidad. Todo ¡Ahora era realmente especial!
Dejó atrás sus pensamientos sobre la productividad, sobre el tiempo, sobre lo normal, sobre lo especial. Pero eso no era malo, así era su vida ahora. Y ya está, Saturnino murió feliz, contento, querido y les dejó una gran herencia a sus hijos.
Lo único de lo que tuvo que lamentarse Saturnino alguna vez, fue que su hijo, siguiendo su legado, aumentó aún más la fortuna familiar, aunque para ello tuvo que arrancarle las entrañas (literalmente) a la gente que pretendía que compartiese su fortuna con el resto de la humanidad... Su hijo tuvo de nombre Júpiter, o Zeus, la verdad es que no me acuerdo. Si Saturnino hubiese sido listo, habría devorado a sus hijos al nacer, pero claro, estaba ocupado intentando ser productivo. Había perdido su tiempo perdido.
¡Guau! Qué buena historia... Quizás debería hacer algo por mi vida, solo tengo que procurar compaginar mis momentos productivos con los de tranquilidad, y así poder educar bien a mi hijo... Bah. Prefiero seguir mirando al techo, así no tendré que arrepentirme de que me salga un hijo psicokiller.
Como decía, Saturnino era un tipo muy vago, que hasta conseguía a veces perder el tiempo perdido. Pero perder el tiempo... era normal ¿no? ¿O era especial? Nunca me acuerdo.
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sábado, julio 27, 2013
Me gustan las camisas hawaianas porque nací con Venus al ascendente...
- ¡Oh Dios mío! ¡Te ha salido el Loco, la Torre y la Muerte!
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Que este juego de cartas es muy aburrido.
Soy una persona demasiado joven, retrógrada y con la mente demasiado cerrada como para creer en el reiki.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Que este juego de cartas es muy aburrido.
Soy una persona demasiado joven, retrógrada y con la mente demasiado cerrada como para creer en el reiki.
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